Friburgo es una pequeña localidad al sur de #Alemania que desde mediados de octubre vive conmocionada por la muerte de Maria Ladenburger. Maria tenía 19 años, estudiaba y colaboraba como voluntaria en Organizaciones pro refugiados. Una noche al volver a la residencia de estudiantes donde se albergaba fue violada y asesinada. Su cuerpo fue hallado en el rio Dreisam y el presunto asesino habría confesado el crimen a las pocas horas de ser arrestado. A la muerte de Maria le siguió la de Carolin, también violada y asesinada.

Aunque aún no se ha confirmado que el ADN hallado en los cuerpos de las muchachas se corresponda con los del detenido, la policía local tendría pruebas suficientes para inculparlo.

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Desde que el caso se hizo público y al igual que ocurriera las navidades pasadas en Colonia, la sociedad se dividió en críticos con la política de bienvenida y los que defienden la llegada de inmigrantes. El principal sospechoso de matar a Maria, tiene 17 años, nació en Afganistán y llegó a Alemania solo en el año 2015. Está en prisión preventiva desde hace unos días, a la espera de que el año entrante se realice el juicio y que se terminen de reunir las pruebas acusatorias.

La nota terminó por darla el presidente del sindicato alemán de policía, afirmando que “este asesinato podría haberse evitado, de contar con una política acorde a los sucesos que acarrean la inmigración masiva”. Los partidos políticos tampoco obviaron el hecho, como era de esperarse, la extrema derecha del país atacó directamente a Ángela #Merkel.

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La consternación por estos homicidios llevó a un amplio sector de la sociedad a creer que las culturas islámicas patriarcales producen estos crímenes.

Por su parte, Julia Klöckner integrante del partido Unión Demócrata Cristino, replicó que “esos actos los puede realizar un nativo como un extranjero”. Y apeló a la memoria colectiva para referirse a otros acontecimientos similares en manos de alemanes.

La canciller Ángela Merkel es de las mandatarias que mejor ha sabido recibir a los refugiados y demandantes de asilo. Merkel, que buscará un cuarto mandato en las elecciones del 2017, ha sido de las primeras en aplicar la denominada política de puertas abiertas. Más de un millón de refugiados viven en Alemania desde que comenzara la crisis migratoria, convirtiendo al país en el preferido de los migrantes por los beneficios que otorga a los refugiados.

Cerca de 5 mil personas han muerto, solamente en lo que llevamos del 2016, en aguas del Mediterráneo, mientras intentaban llegar a costas europeas.

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El número de personas que logra llegar a tierra firme se ha reducido considerablemente en comparativa con el 2015. Y es que, salvo Alemania y Suecia, pocos países han cumplido con el pacto de ayuda a los refugiados.

Las primeras críticas hacia esta política humanitaria para recibir a las personas que no pueden vivir en la tierra en la que han nacido comenzaron el año pasado. Las agresiones sexuales a un grupo de mujeres que celebraba en Colonia la llegada del 2016 puso en tela de juicio a la inmigración.

Las cifras publicadas por varias entidades de prestigio aseguran que los refugiados no comenten más delitos que la población nativa, por el contrario lo hacen en menor medida. Por lo que puede descartarse que exista un incremente de delitos debido a la denominada política de bienvenida de Ángela Merkel.