Los colaboradores de los líderes europeos de la ultraderecha, ultiman detalles en la torre de Manhattan, con Donald Trump, el presidente electo de los #Estados Unidos, para acordar una muy próxima reunión.

Marine Le Pen, la cabeza del FN francés, y Nigel Farage, el líder británico del UKIP serán sin duda alguna los mejores aliados del electo republicano en Europa. Nigel Farage, estuvo en los primeros días de octubre, asesorando a Trump antes del segundo debate con Hillary Clinton y acompañó al candidato republicano, en alguna de sus presentaciones durante la campaña electoral. En una de sus declaraciones, el ultraderechista británico aseguró que si fuera ciudadano norteamericano no votaría a Hillary, aún si le pagaran.

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Hoy los esfuerzos de los colaboradores de ambas partes se vieron compensados, al hacerse efectiva la reunión que Trump y Farage tuvieron en la Trump Tower de Manhattan. Fue Kellyanne Conway, la ex jefa de campaña del presidente electo, la que informó sobre los temas tratados entre ambos. Estos fueron conceptuales y versaron sobre "la libertad y ganar". #Donald Trump, según los medios británicos, está muy interesado en conseguir una férrea asociación con la primera ministra británica Theresa May, reeditando la "recordada" pareja, Margaret Thatcher -Ronald Reagan, de la década del ochenta.

Por su parte, Marine Le Pen se ha mostrado complacida con la victoria republicana del pasado martes, a la que calificó como "victoria de la libertad". Al parecer, por lo publicado en Twitter, el Frente Nacional ha aceptado la invitación de Trump para trabajar juntos.

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Esta invitación habría sido cursada por Stephen Bannon, quien está a cargo del equipo que llevará a cabo la transición entre el presidente Barak Obama y el electo Donald Trump, y es considerado como el futuro jefe del gabinete republicano.

En la disputa contra la #Globalización neoliberal, ni la derecha ni la izquierda han podido dar una respuesta satisfactoria, a los afectados por el desempleo y las consecuencias desastrosas que tuvieron los tratados de libre comercio. Las políticas de recorte que se ensañaron con las clases medias y bajas, sumiéndolas en el paro masivo, el hambre y la exclusión, fueron el sustrato ideal para el desarrollo de la ultraderecha, que se apresuró a dar una respuesta a los reclamos.

La inmigración, ya fuere la de los refugiados que huyen del EI y la guerra en Medio Oriente, o la de los hispanos que buscan un futuro mejor, ha despertado la xenofobia y el rechazo a las economías abiertas. Tanto en Europa como en América, la ultraderecha tomó estos reclamos nacionalistas, como lei motiv de sus campañas, en Alemania, Hungría, Francia, en el Reino Unido, Holanda y, ahora en la elección del presidente de los Estados Unidos.

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El nacionalismo económico triunfa, ante el rotundo fracaso de las ideologías tradicionales que, no han podido proponerse como una opción, en estos tiempos de economías ruinosas y ciudadanos insatisfechos. El verdadero peligro no lo constituye la inesperada presidencia de Trump, si no el renacimiento imparable de la ultraderecha globalizada.