Todos recordamos el momento exacto en el que Batman decidió dedicar su vida a luchar contra el crimen en Gotham, al presenciar el asesinato de sus padres. Igual ocurre con Spiderman y la muerte de su querido tío Ben. En la ficción es fácil identificar los momentos que supusieron un antes y un después en la vida de los personajes. Tal vez, en la vida real sea un tema un poco más complejo. No es tan sencillo marcar con claridad el origen o el germen de algo. Aunque en el caso de #Trump en concreto podríamos mencionar con bastante exactitud el 30 de abril de 2011 como la fecha en la que el magnate inmobiliario decidió que sería presidente. El lugar: la cena de corresponsales de la Casa Blanca.

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El culpable: Obama.

Sí, fue #Obama mismo quien creó a su propio villano y archi-enemigo. Como todo buen héroe, pagó el precio de sus actos. La cena de corresponsales de la Casa Blanca se remonta al año 1920 y es tradición que el presidente de Estados Unidos dé un discurso de tono ácido y crítico. Aquel año, fue el turno de Obama. Y aquel año, Trump se sentaba entre los invitados.

Por aquellos días, Trump llevaba ya bastante cuestionando de manera pública el verdadero lugar de nacimiento de Obama, dejando ya entrever esas vertientes racistas tan características. Así, Obama decidió aprovechar la ocasión que el destino le brindaba para devolverle los golpes al gran magnate. Debido a su actitud de hombre ganador, con sus millones, su incorreción política, su rascacielos en Manhattan, su educación militar y sus convicciones de no equivocarse nunca ni pedir perdón jamás, Trump había sido ya objeto de críticas y burlas por parte de la prensa y de algunos cómicos, pero nunca nadie de una importancia pública significativa le había podido atacar.

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Hasta aquella fatídica noche. Durante aquella velada, Obama transformó a Trump en el hazmerreir de la gala y su humillación publica fue retransmitida en directo a casi todos los rincones del mundo. Trump aguantó estoico y con una mueca de asco y desagrado que casi ni era capaz de disimular ante las cámaras.

Obama comenzó haciendo alusión a los comentarios de Donald sobre su nacionalidad y puso a su audiencia el “vídeo de su nacimiento”. Así, las pantallas grandes proyectaron la escena de “El Rey León” en la que un Simba bebé el presentado a todos los animales de la selva por Rafiki. Después, las alusiones se transformaron en ataques mucho más directos a Trump, dejando en entredicho tanto su integridad, como su reputación e inteligencia. "Tenemos a Donald Trump entre nosotros esta noche. Todos conocemos sus credenciales y su amplia experiencia", comentó el entonces presidente. También mostró una imagen del aspecto que tendría la Casa Blanca en caso de que Trump fuera presidente; una idea que en aquel momento parecía sacada de algún libro de ciencia ficción macabro.

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En ella, aparecía la famosa casa medio transformada en un casino, con letreros de neón y chicas de origen dudoso en bikini en la fuente de la entrada.

Tal vez sólo sean conjeturas y sea imposible saber las razones que llevaron a Donald a querer ser presidente. O puede que, si volviéramos a ver las imágenes de aquella noche, podríamos atisbar entre el odio y la humillación, ese pequeño brillo en la mirada de Trump que marca el inicio de todo. Ese pequeño atisbo de venganza. Y, es que, aunque le haya llevado 5 años, ahora ha logrado la victoria en las #Elecciones, su mayor y más temible venganza. Al fin y al cabo, la venganza es un plato que se sirve frío.