Tal y como pronosticó Obama la noche antes de las elecciones, el sol ha vuelto a salir. Quizá algunos todavía crean que están soñando, pero no. Trump is in the House. Y ha llegado para quedarse, por lo menos cuatro años. La bandera americana reluce abrillantada por una luz desconocida y la incredulidad ha dejado paso a la cruda realidad que nos ha impuesto una vez más la elección humana.

La campaña de Donald #Trump no se ha caracterizado por una gran profundidad en las propuestas, como tampoco la de Clinton, por cierto. Pero a diferencia de la candidata demócrata, Trump ha creado debate y ha puesto sobre la mesa algunos de los temas más calientes que atañen a la sociedad americana (y por ende en el resto de sociedades occidentales).

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Os explicamos los más comentados.

El muro. "Se acerca el invierno" en los Estados Unidos. Y puede que también en Méjico. Sin duda, una de las propuestas que más controversia ha generado ha sido la de construir un muro que separe de una forma mucho más evidente la frontera entre ambos países a fin de controlar los flujos migratorios que según el magnate traen, mayoritáriamente, crimen y drogas. Trump todavía no ha explicado como convencerá al gobierno mejicano de que sean los mismos mejicanos los que costeen el muro, tal y como pretende, pero sí ha dejado claro que se multiplicarán los servicios de vigilancia, por lo que aumentará la contratación en este ámbito.

Regreso al pasado. Si las sociedades occidentales están luchando por hacer del libre comercio el paradigma de la economía mundial, el flamante presidente tiene en mente volver a imponer aranceles para la importación de productos extranjeros.

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Estamos hablando de tasas que se aplican a los productos producidos principalmente en Méjico y China, que es de dónde provienen la mayoría de importaciones estadounidenses, y que harán estos productos más caros. Esta medida se basa en la voluntad de hacer la economía del país más dependiente de su propia producción, evitar la deslocalización de las empresas y así evitar perder puestos de trabajo. En otras palabras: hacer que se consuman productos americanos producidos en América por trabajadores americanos. Tal y como normalmente se hizo hasta la expansión del libre comercio, después de la segunda guerra mundial. Nada nuevo, pero sí un poco vintage.

Bajar los impuestos... A los ricos. Quiere rebajar al 15% la cuantía impositiva a las rentas más altas. Esta propuesta se puede traducir en un claro reverso al principio de redistribución, uno de los puntales de la cohesión social, en un país cada vez más desigual como son los Estados Unidos. Una de las principales consecuencias de rebajar los impuestos es que el Estado recapta menos, es más débil y tiene menos recursos para reinvertir en políticas sociales.

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Esta medida responde a una visión liberal de la economía, donde el Estado debe intervenir lo menos posible y donde los ciudadanos son los responsables de sus actuaciones. Vaya, respaldando el clásico y peligroso tópico que dice que quién no triunfa es porque no se lo merece (cuando lo que nos muestran los datos es que los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres). God bless America...! #Usa #Elections2016