En un momento como el actual es preciso identificar la amenaza a la que nos enfrentamos, como consecuencia de una mutación del #Terrorismo tal y como lo conocíamos al adoptar un carácter multidimensional con el #DAESH.

El autodenominado Estado Islámico trata de obtener territorio y apoyo a toda costa y posee una independencia financiera que lo diferencia de cualquier otro grupo terrorista; en lo relativo a sus filas, está conformado por una smart mob o agrupación inteligente de miembros caracterizada por una estructura organizativa horizontal y la defensa de objetivos comunes, siendo la difusión de los mismos a través del uso de las nuevas tecnologías uno de sus fines fundamentales.

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Es por ello que ante este fenómeno los planteamientos simplistas no son válidos, puesto que se trata de un fenómeno complejo y que por tanto, requiere respuestas complejas.

No podemos catalogar la amenaza terrorista del DAESH en la dimensión interior o exterior del Estado, ya que su creación, el adiestramiento de sus adeptos y la imprevisibilidad de su violencia generan una situación de crisis en ambos escenarios y por consiguiente, incrementa la tensión entre la seguridad como bien público nacional y la seguridad como bien público internacional.

Con motivo de esta tensión, en algunos aspectos hablamos de un intento de renacionalización de la respuesta por parte de Estados soberanos dentro de los organismos internacionales de seguridad colectiva.

Los Estados deben comprender las variables que han originado los atentados terroristas a manos del DAESH para elaborar respuestas concretas a partir de la evaluación de las causas y para ello tienen que abordar los factores de fondo que han contribuido a la formación y expansión de sus seguidores por todo el mundo.

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Sin embargo, a corto plazo deberíamos actuar contundentemente con el objetivo de eliminar de forma inmediata la amenaza del DAESH en el marco de decisión de una coalición internacional ad hoc respaldada por la defensa del principio de seguridad colectiva en el que se fundamentan la UE y Naciones Unidas y sin obviar la importancia de actuar de forma simultánea y de la mano de otras coaliciones regionales configuradas en torno a los países árabes. Dicho de otra manera, la actuación unilateral o la simple suma de las diferentes políticas nacionales en la lucha contra el terrorismo impedirán acabar con nuestro enemigo común: la amenaza yihadista.

Es importante tener en cuenta que la falta de consenso en la lucha antiterrorista así como el uso de pautas de respuesta pasadas extraídas de experiencias previas contra otros grupos terroristas de menor calado, jugarán a favor de actores no estatales como el DAESH en materia de seguridad y le proporcionarán más tiempo para organizar sus movimientos.

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A razón de este motivo, no hay una única medida válida contra el DAESH.

Las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad de los diferentes países que luchan contra el DAESH deberán mostrar una capacidad de adaptación permanente tanto en sus prioridades como en los instrumentos a emplear en una ofensiva militar que estará caracterizada por giros imprevisibles como resultado del efecto sorpresa de la actuación de este grupo terrorista y de sus diferentes células.

Pese a que la respuesta en primer orden debe ser militar para que la derrota en su terreno de origen permita acabar con el núcleo central del poder económico, militar y propagandístico y así evitar la extensión de las células yihadistas del DAESH en nuestros países, debemos también implementar de forma efectiva políticas antiterroristas de localización y detección eficaces en nuestros países, atacando también -en el seno de las organizaciones internacionales- la financiación de este grupo terrorista, el cual se mueve a través de puntos ciegos de nuestros sistemas legales. #EstadoIslámico