El padre de Omar no entiende tanto revuelo y su actitud explica la generalizada costumbre árabe de casar a menores de edad. Hace apenas unos días, las fotos en redes sociales de Omar y Graham en su compromiso matrimonial, causaba rechazo en la sociedad y alertaba, nuevamente, a organismos pro derechos humanos.

Él tiene 12 años, conoció a su “novia” Graham de 11, desde que nació. La pareja, recientemente prometida en Egipto, es de primos y según el padre del muchacho a Omar le gusta tanto la niña que dice a menudo que se casará con ella. El progenitor, preocupado por la posibilidad de que otro joven se adelante y pida la mano de Graham, decidió oficializar el noviazgo.

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Allí están dos niños que apenas comenzado sus andaduras por la vida, sometiéndose a un ritual, el del compromiso, cada vez más olvidado. Han nacido en un país donde casarse siendo menor de 18 años no está permitido, pero tampoco penado. Según UNICEF cerca del 17 % de las mujeres egipcias contraen matrimonio siendo menores de edad.

Las causas de unir a dos #Niños, no son solo económicas, aunque es el factor que más pesa. En el caso de Omar y Graham, una carga social que aún considera a la mujer como un objeto a poseer y plausible de ser llevado por otro, motivó el enlace.

Avisado de la denuncia interpuesta por el representante del Centro de Asistencia Legal a la mujer en Egipto, el padre de Omar aclara que no encuentra nada de malo, que los niños se quieren y que son más maduros de lo que parecen.

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También relata que no se casarán hasta que cumplan la mayoría de edad. Pero el hombre sigue sin entender porque una parte del mundo opina negativamente sobre la futura boda.

En Egipto, especialmente en zonas rurales, son frecuentes las bodas entre menores de edad. Lo más habitual es que la niña aun no haya cumplido 18 años y el pretendiente los supere ampliamente. Para la mujer las consecuencias son mayores, abandona sus estudios y se ve forzada a unirse a un hombre que no conoce o no ama. Estos matrimonios suelen consumarse bajo la mirada distraída del juez de turno, que hace caso omiso a lo que dice la ley.

En muchos casos se falsifican las actas de nacimiento, modificando la fecha de nacimiento del contrayente menos de edad. Es común que se produzcan pseudos enlaces y que una vez cumplido los 18 años, el matrimonio se oficialice ante el juez de turno. Se estima que más de la mitad de los casamientos celebrados en Egipto están conformados por un menor y un adulto.

Cuando el dinero entra en juego, la situación se agrava.

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Miles de niñas son “casadas” con adultos que ni siquiera conocen durante unas vacaciones en el país árabe y luego son abandonadas. En una cultura que aún mantiene la virginidad como un honor, estas jóvenes se ven excluidas de la vida social y su futuro queda empañado de por vida.

Save de Children calcula que para el 2020 más de 140 millones de niñas serán forzadas a casarse. Esta práctica se convierte en algunos países como un alto indicador en la muerte de menores de entre 15 y 19 años, no solo por la violencia y los abusos sexuales a las que son sometidas, las complicaciones en el parto suelen provocar la muerte prematura de muchas jóvenes árabes.