Los últimos meses han sido ajetreados en el seno del gobierno nigeriano. Sobre todo desde que las negociaciones con la banda terrorista #Boko Haram se intensificaran ante la posibilidad de alcanzar un acuerdo que pusiera en libertad a las niñas secuestradas en Chibok.

Las conversaciones, en las que intervinieron la Cruz Roja y el gobierno suizo, se resolvieron hace días con la liberación de 21 chicas. El suceso ha elevado las cotas de esperanza entre las familias del resto de niñas secuestradas, aunque la experiencia les dice que deben ser cautos, pues no será fácil que Boko Haram dé su brazo a torcer. De hecho, han transcurrido ya más de dos años desde el secuestro, en abril de 2014, cuando unas 270 niñas fueron raptadas mientras estudiaban en un colegio de Chibok, Borno.

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Aquel terrible acontecimiento trascendió rápidamente a los medios, hasta el punto de que muchas celebridades manifestaron su postura al abrigo del hashtag #bringbackourgirls (traed de vuelta a nuestras niñas). Desde entonces, Boko Haram ha seguido perpetrando atentados contra la población nigeriana, principalmente. Tal es su historial que en términos numéricos sus daños causados se pueden equiparar a los provocados por #ISIS.

Boko Haram, que en lengua hausa significa "la educación occidental es un pecado", se fundó en 2002 con el objetivo de propagar la yihad, así como crear un estado islámico regulado por la ley sharia. No obstante, el empleo de violencia vino a partir de 2009, cuando Abubakar Shekau tomó las riendas de la organización criminal.

Desde entonces, son innumerables los atentados cometidos: no sólo contra los cristianos, como sucedía inicialmente, sino de forma indiscriminada contra toda la población, incluidos musulmanes no extremistas.

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Su modus operandi es despiadado. Habitualmente convierten en suicidas a aquellos niños que secuestran previamente. Según datos de Unicef, en los últimos dos años, casi 1 de cada 5 individuos que participaron en ataques suicidas era un menor de edad, y tres cuartas partes de estos eran chicas.

Las cifras de sus atentados son desoladoras. De acuerdo con el último informe sobre terrorismo de Vision of Humanity, que data de 2014, diez de los veinte ataques más sangrientos de aquel año fueron cometidos por Boko Haram. En términos absolutos, el número de víctimas sólo en ese período se eleva por encima de las 6.500. Con esos guarismos, Nigeria se sitúa como uno de los países más azotados por el terrorismo, en este caso islamista.

Por todo ello, pese a los avances en las negociaciones, el gobierno nigeriano sigue yendo con pies de plomo a la hora de abordar un conflicto tan cruento. Las más de mil escuelas destruidas el pasado año o los más de tres millones de personas desplazadas, según Unicef, confirman que todavía queda un largo trecho en el camino hacia la resolución del enfrentamiento entre Boko Haram y las fuerzas gubernamentales. #Chibok girls