Desde que se inició la debacle económica en #Venezuela, la cual fue producida por las bajas en los precios del petróleo y muchas otras cosas más. Los venezolanos han estado viviendo una realidad que, paulatinamente, ha ido formando parte de su cultura. Dicha realidad no es otra que las largas colas que se forman para adquirir #Alimentos. Ahora, más que nunca, es sumamente difícil comprar insumos que son de primera necesidad, pero no sólo esto. También resulta extremadamente complicado hallar medicinas primordiales, como es el caso de los antigripales.

Así pues, poco a poco fue creciendo este germen en Venezuela, hasta que finalmente se convirtió en el país de las colas.

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Nada más cerca de la realidad, no existe un sitio en esa nación donde no se esté haciendo una cola para conseguir un producto determinado. Basta con mirar alrededor para divisar, de inmediato, una cola en la esquina más cercana. Los alimentos que más tienen demanda son la harina pan, la pasta, el azúcar, el aceite y el jabón de baño (estos son sólo algunos de los muchos productos que han desaparecido en Venezuela).

Pero esto no es todo, lo más peligroso del asunto ni siquiera son la colas sino la manera en la cual el venezolano asume dicho problema. En un principio las personas criticaban arduamente la situación que se vive e, inclusive, se sentían indignados por el problema económico que afronta el país y el punto de #Crisis al cual ha llegado. Ahora el contexto es otro; son muchas las personas que buscan las colas desesperadamente.  

Así es, debido al alto costo de la vida y a que los insumos de primera necesidad no se encuentran con facilidad, ahora los venezolanos se integran a las colas con total naturaleza; como si fuese algo normal.

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No existe un día en el que no se hagan colas; ya sea por medicinas, comida u otro tipo de artículo. El venezolano no recuerda a una Venezuela sin colas, y es por ello que estar de pie hasta por más de cinco horas para comprar dos paquetes de arroz es cosa del día a día.

Cuando un individuo ve una cola ya no la critica, ni siquiera se indigna por lo que ocurre. Tan sólo se remite a hacer dos preguntas: "¿Qué es lo que están vendiendo?, ¿quién es el último de la fila? Esto sucede pues, porque para los venezolanos no existe un mundo sin colas donde las personas puedan adquirir lo que deseen. La cola ha cobrado un nuevo valor social en el país y ahora forma parte de la cultura de sus habitantes. 

En estos momentos para cualquier venezolano resulta imposible imaginar a una Venezuela sin colas. Ya todos saben (conscientemente) que al momento de comprar un insumo que sea imprescindible lo primero que deberán hacer es una larga cola donde se necesita tener fe, confianza y esperanza.

Parece que el ser humano puede adaptarse a cualquier tipo de contexto social, sin importar lo terrible que este sea.

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Es por ello que ahora a esta nación se le conoce como: Venezuela, el país de las colas. Ciertamente, son muchos los venezolanos que afirman que en Venezuela cualquier cosa es posible.