El símbolo de la catástrofe provocada por el devastador terremoto que ha asolado #Italia tiene un nombre propio: la pequeña localidad de Amatrice, de tan sólo 2.600 habitantes, un encantador pueblo medieval situado 130 kilómetros al norte de Roma que ha quedado reducido a la nada. 

No queda ni un edificio en pie, y bajo los escombros aún se encuentra una cifra indeterminada de cadáveres y supervivientes, muchos de ellos heridos. Las imágenes y testimonios que llegan desde allí son estremecedoras.

El horror sorprendió a sus habitantes en medio de la noche. Un fuerte temblor sacudió al pueblo a las 3:36 horas de la madrugada.

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Los techos y las paredes de los edificios se derrumbaron como si fueran de papel, aplastando vehículos y personas. Muchas de las víctimas dormían cuando se produjo el seísmo, por lo que no pudieron hacer nada por salvarse.

Los afortunados supervivientes se encontraron al amanecer con un escenario apocalíptico. Su pueblo, sus calles, son ahora un inmenso mar de escombros en el que los bomberos, la policía y numerosos voluntarios se afanan en localizar al mayor número de personas y ponerlas a salvo.

Un patrimonio histórico volatilizado

Además de las víctimas humanas hay que añadir al desastre la irreparable pérdida de patrimonio histórico y artístico que el #Terremoto se ha cobrado. En Amatrice, conocida como la "villa de las cien iglesias", había numerosos monumentos y edificios romanos, renacentistas y barrocos que eran el orgullo del pueblo y atraían a no pocos turistas.

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La mayor parte de estos tesoros han desaparecido en una sola noche, o han quedado gravemente dañados.

Sergio Pirozzi, el alcalde de la localidad declaraba consternado que el centro de Amatrice "ya no existe", si bien ahora todos los esfuerzos se centran en salvar el mayor número de vidas. Prácticamente todos los supervivientes han sido evacuados aunque muchos, que todavía no se creen lo que está pasando, se resisten a abandonar los restos de los que hasta hace unas horas había sido su hogar. 

Los carabineros y los bomberos, así como los servicios médicos, siguen trabajando incansablemente entre los escombros, donde se escuchan los lamentos de los heridos y gritos de auxilio desesperados.