La fecha de 1º de agosto del año de 1966, es recordada con tristeza por la clase universitaria de los #Estados Unidos, en donde en términos de violencia se tipificó el primer hecho violento que se denominó “ataque masivo”. Se desarrolló el primer tiroteo masivo de Estados Unidos ocurrido hace 50 años en la Universidad de Texas, que se recuerda por el hecho y la nueva ley.

Si bien el hecho mismo en donde hubo muchos estudiantes inocentes cruelmente asesinados es recordado, habrá que decir que el contexto mismo en el que se celebra a detonado una crisis social. Resulta que está en estos días por entrar una ley en Texas que permite portar armas de fuego en los campus universitarios del estado que naturalmente ha polarizado las opiniones al respecto.

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Las primeras reacciones no se han hecho esperar, los estudiantes y profesores de la Universidad de Texas se opusieron a la medida y para ello se dispusieron a recabar una serie de firmas para formalizar una petición al gobierno de Texas. Precisamente las autoridades están fuertemente convencidas de que es necesaria la ley y sobre todo estar armados para prevenir ataques.

El debate es intenso y no se puede explicar de otra manera por los hechos violentos que últimamente estamos viviendo en donde se han disparado los ataques a estudiantes y aunado a ello existen acciones estratégicas de terrorismo que ponen en vilo no sólo a las autoridades sino a la misma sociedad norteamericana. El asunto está resultando coyunturalmente complejo.

Los hechos que el día de hoy se recuerdan están relacionados con el asesinato de estudiantes por parte de Charles Whitman, quien había recibido entrenamiento como francotirador siendo estudiante de la misma Universidad.

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Sucede que en aquellos años se estaba formando la SWAT, que es una élite de acciones estratégicas de la seguridad nacional.

Ese se considera hasta ahora, después de 50 años, el móvil de la acción de asesinato que desarrolló disparando durante aproximadamente una hora y media, desde una torre en la propia universidad. Y es la única razón que se reconoce hasta ahora de las intenciones del asesinato.