El país andino está muy alterado ante las declaraciones de Juan Luis Cipriani, Cardenal ultraconservador del Opus Dei, que lleva en el cargo desde 1999, en que el Papa Juan Pablo II le eligió, aunque todos sabían que lo hizo para contrarrestar la influencia que entonces tenía en la Iglesia peruana la izquierdista Teología de la Liberación.

Hace pocos días, Cipriani dijo en un programa de radio, Diálogos con la Fe, unas inefables palabras que han enfurecido a las mujeres compatriotas suyas, incluso a las más conservadoras: “Si hay abusos a niñas, se debe muchas veces a que la mujer se pone como en un escaparate, provocando”.

El próximo día 13 agosto está convocada en todo el país una gran manifestación contra el machismo y la violencia de género, en #Latinoamérica conocida por feminicidio, que en Perú tiene una de las cifras más elevadas, además de que se acusa a la Justicia peruana de tener mucha laxitud en este grave tema, no condenando suficientemente a los agresores.

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El lema será #NiUnaMenos. Evento que atacó el Cardenal Cipriani virulentamente, diciendo que “Sólo pretenden imponer la ideología de género, no son humanas”.

Varias de las Ministras del nuevo Gobierno de Pedro Pablo Kuczinsky tomarán parte en la manifestación del 13 agosto, como Ana María Romero, Ministra de la Mujer, y Mercedes Aráoz, Vicepresidenta segunda. Contarán incluso con el apoyo de la Primera Dama del país, Nancy Lange, pese a que su marido y Presidente de la República intenta defender a Cipriani, diciendo que “creo que él no quiso decir aquello”, aunque sostiene Kuczinsky que su Gobierno luchará contra el feminicidio: “Las violaciones, el feminicidio, no deben estar en una sociedad moderna”.

Aráoz fue clara en su crítica contra el Cardenal, incluso sin caer en puritanismos, más propios de él: “Yo puedo usar una minifalda y nadie tiene derecho a tocarme. Una mujer puede dedicarse a la prostitución y no quiere ser violada, no puede ser violada. Nadie tiene derecho a afectar nuestra dignidad y no la provocamos las mujeres”.

El propio protagonista, Juan Luis Cipriani, se considera a sí mismo una víctima, “Realmente he estado fastidiado, leyendo interpretaciones que, utilizando una frase totalmente desafortunada y equivocada, pretenden criticar de una manera francamente baja la responsabilidad que tengo como pastor”. Una manera de echar balones fuera, vamos, cuando ni siquiera las mujeres próximas a lo conservador piensan como él.

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Le quedan dos años de cardenalato, ya que cuando cumpla 75 años tendrá que dejar el cargo, como exige el Derecho Canónico.

Perú, como toda Latinoamérica, padece una cultura machista muy arraigada, que hace que estos actos bárbaros sean bien vistos, sobre todo por los hombres. #Violencia de género #Iglesia católica