Todos ya conocemos la labor oscura de Henry Kissinger cuando fue Secretario de Estado de EE.UU. para dos Presidentes, Richard Nixon y Gerald Ford, para aniquilar, con golpes de Estado y la posterior represión, a Movimientos de izquierda, en países como Chile.

Pero nuevos documentos secretos desclasificados, según cuentan The Guardian y aquí ElDiario.es, revela algo todavía más escalofriante: cuando Kissinger ya no ocupaba ese cargo, al haber perdido Gerald Ford ante Jimmy Carter, hizo otra labor oscura: apoyar a la Junta Militar #argentina en su represión contra opositores después de su golpe de Estado de 1976, frente a las presiones en contra de la Administración Carter.

Para Kissinger, los izquierdistas argentinos en general eran “terroristas”. La Dictadura iba no sólo contra el Movimiento terrorista de los Montoneros, sino también contra la izquierda moderada e incluso contra los conservadores moderados.

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Siete años de #Dictadura, hasta su caída en 1983, provocaron más de 30.000 desaparecidos, de los que nunca se encontró rastro, y si tenían hijos, fueron robados a sus padres y entregados a familias ultraconservadoras del gusto de la Dictadura.

Kissinger viajó al Mundial de fútbol de 1978 celebrado en el país sudamericano, como invitado del general Videla, el principal dictador. Allí felicitó a los militares por haber aniquilado el “terrorismo”. “Fue la única música que los militares querían escuchar”, decía uno de los documentos. Incluso se sabe que Kissinger y Videla se las arreglaron para que la reunión que tuvieron fuera sin la presencia del Embajador de EE.UU. en Buenos Aires, engañándole para que llegara tarde.

La Administación Carter contactó con el Vaticano para que el Papa Juan Pablo II, que llegó a la silla de San Pedro en 1978, intercediera ante los militares argentinos, por que entendía que la Iglesia tenía una gran influencia en el país.

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No dicen los documentos si el Papa intercedió o no, pero no dejan en muy buen lugar a los eclesiásticos argentinos.

Lo que sorprende más de estos documentos desclasificados, aparte la actitud de Kissinger, judío que huyó de la Alemania nazi en su juventud, es que éste no hiciera nada precisamente ante la persecución a los judíos argentinos de la Dictadura, cuyo cénit llegó con el secuestro y tortura al periodista Jacobo Timerman, que después de fuertes presiones de la Administación Carter, pudo ser liberado y se exilió en Israel, después de haberle sido retirada la ciudadanía argentina.

Los militares, en su antisemitismo delirante, llegaban a decir que Zbigniew Brzezinski, que era entonces el Consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., nacido en Polonia y católico, era un judío que lideraba “una conspiración sionista contra Argentina”, y le acusaban de estar detrás de los Movimientos terroristas. No les valía que Brzezinski fuera católico, decían que era una “tapadera”. “Creen que usted es judío, por que leyeron la guía telefónica de Nueva York y encontraron varios ‘Brzezinskis’ con nombres de pila judíos”, le contó un miembro del Consejo de Seguridad Nacional americano.

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Fue tal la persecución a los judíos argentinos, que se les prohibió incluso entrar en el Ejército.

En marzo, Barack Obama entregó a los argentinos, cuando visitó el país, documentos desclasificados sobre aquellos terribles días. Al secretario de Derechos Humanos de la Argentina, Claudio Avruj, le sorprendió la rapidez con que fueron sacados a la luz. #Estados Unidos