El fuerte terremoto de 6'2 grados Richter, que de madrugada, allá por las cuatro menos veinte, reducía a escombros muchos pueblos italianos, alguno de los cuales lamenta su alcalde que “el pueblo del que soy alcalde ya no existe”, ha hecho destacar a los diarios que justamente el 24 de agosto era el 1.937 aniversario de un hecho parecido: el día que, cerca de la actual Nápoles, y a casi 600 kms. al Sur del epicentro de hoy, el volcán #Vesubio entraba en erupción, y sus lavas y cenizas sepultaban para siempre las ciudades de #Pompeya y Herculano, que estaban al pie del mismo, y que jamás volvieron a ser habitadas.

La erupción expulsó mucho humo negro y gases, a lo que se unieron varios terremotos, que fueron destruyendo muchos edificios, cada uno unos cuantos, pillando dentro a sus habitantes, que la mayoría de ellos no tuvieron tiempo de escapar de aquel Apocalipsis.

Desde el siglo XIX, se empezó a investigar lo que pasó por parte de arqueólogos e historiadores.

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La tragedia de Pompeya y Herculano inspiró incluso novelas, como Los últimos días de Pompeya, protagonizada por personajes de ficción, pero que era como una crónica de la vida cotidiana de la ciudad antes de su trágico fin. Esta novela se llevó varias veces al cine y la televisión.

En 1860, uno de los arqueólogos, Giuseppe Fiorelli, tuvo una idea: rellenó con yeso los huecos que las cenizas de cuerpos de las víctimas sepultadas por la erupción dejaban en muchas zonas de la ciudad. Así podía pillar cuál era el comportamiento de ellos en el momento de la muerte.

Muchos tenían el terror en la cara, y otros, no. En la película Te querré siempre (Viaggio in Italia) de Roberto Rossellini, que protagoniza un matrimonio inglés carcomido por el aburrimiento (George Sanders e Ingrid Bergman eran sus protagonistas), ella hacía una excursión sola a las ruinas de Pompeya. Un guía mostraba algunos de esos cuerpos y les añadía yeso, que duraba unos minutos, a los turistas.

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Al ver la mujer que dos de los muertos era un matrimonio maduro que, por sus caras tranquilas, murió unido y en la más absoluta paz, como aceptando su terrible destino, aquello fue un shock para ella, que le recordaba su fracasado matrimonio y como una metáfora de que ella era una muerta en vida, en medio del mismo.

Pompeya y Herculano sirvieron para poder estudiar cómo fue la vida en el Imperio Romano de su tiempo, ya que al no haber estado habitadas, al contrario que Roma y el resto del Imperio, se conservaban intactas pinturas, casas, tapices y toda clase de utensilios de la época. #Terremoto en Italia