Esta semana el gobierno Colombiano dirigido por Juan Manuel Santos y las Fuerzas armadas revolucionarias de #Colombia han vivido el primer día del alto el fuego desde la entrada en vigor del acuerdo a las 24:00 horas del 28 de Agosto de 2016. El alto el fuego oficial llega tras la firma del acuerdo de paz en la Habana ante la mirada de el presidente de Cuba Raúl Castro y el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon, entre otros asistentes de renombre.

El fin del conflicto, que llega después de 52 años de guerra abierta entre las fuerzas paramilitares que conforman #las FARC y las fuerzas de seguridad del Estado colombiano se culminó en un ambiente de enorme expectación y esperanza.

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Los colombianos quieren pasar página de un conflicto que ha pesado como una losa en un país que ha visto con el paso de los años la lista de fallecidos llegar a 220.000 personas, con un total aproximado de 7 millones de desplazados.

El acuerdo, que aún tiene que ser votado por la ciudadanía colombiana y que ha sido avalada por el tribunal constitucional , supone ya de por si un hecho histórico que supone un punto de inflexión para un país que ha vivido durante el último medio siglo con la sombra de las FARC sobre la espalda. Si los ciudadanos deciden avalar el acuerdo de paz, en un gesto de confianza hacia la propia clase política que dirige el país y las fuerzas paramilitares que aún siguen en activo y que se estiman en aproximadamente 7.500 combatientes, le tocará el turno a las Naciones Unidas que tendrá que intervenir como árbitro.

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Será su función vigilar que las FARC entregue las armas en un plazo máximo de 6 meses en unas zonas previamente establecidas durante las negociaciones que llevaron al acuerdo.

En el caso de que la ciudadanía vote sí en el referéndum y avale el acuerdo de paz, Colombia tendrá que afrontar aún grandes desafíos entre los que se encuentra la lucha contra el narcotráfico, las reformas agrarias, la desafección política, la corrupción y acabar con el otro grupo paramilitar existente en el país, el Ejército de Liberación Nacional o ELN en sus siglas.

En cualquier caso, el acuerdo supone cerrar un capítulo negro en la historia de Colombia que ahora puede respirar y mirar de frente a los nuevos problemas con los que tiene que tratar. Estos nuevos problemas, serán por primera vez unos problemas que la ciudadanía colombiana pueda afrontar unida, puesto que como ha anunciado el líder de las FARC en su último comunicado “las rivalidades y rencores deben quedar en el pasado" puesto que se abre una nueva etapa en la cual los colombianos deben convivir "como hermanos y hermanas". #Latinoamérica