Mientras China y Filipinas aún digieren la resolución del TPA de La Haya sobre la cuestión del Mar de China Meridional, hoy se reúnen en Ulán Bator los principales líderes europeos y asiáticos en la Cumbre Euroasiática, un encuentro que se presume tenso debido a las consecuencias que puede provocar su dictamen, aún más después de conocer que el gobierno de Pekín no tiene intención de respetar esa sentencia, que le obliga a cesar en su presencia militar en el área comprendida entre las islas Spratly y Hainan.

Uno de los comparecientes en esta cumbre, Japón, parece querer enfocar sus esfuerzos en el difícil reto de convencer al gigante asiático de que acepte la resolución del TPA y no provoque más tensión militar ni inseguridad política en su empeño en reivindicar unos derechos históricos que según las instituciones internacionales no poseen ningún tipo de respaldo legítimo ni jurídico posible.

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En concreto será Shinzo Abe, primer ministro nipón, el encargado de exponer ante el representante chino los puntos de vista de su nación acerca del espinoso asunto del Mar de China Meridional, y quien le recomendará al ejecutivo pekinés que no tense más la cuerda para no provocar un problema que tenga una solución mucho más complicada.

Mi misión será recalcar la importancia de respetar el Estado de Derecho Internacional, y no abandonar la senda de la resolución pacífica del conflicto” ha afirmado el primer ministro a los medios de comunicación mientras tomaba el avión que le llevaría a la capital de Mongolia.

La Haya considera “firme” la resolución del TPA

Por su parte La Haya asegura que la sentencia dada por el TPA el pasado martes, en el que privaba a China de tener ningún derecho político ni histórico sobre el área marítima en conflicto, es firme y legítima, y que es Pekín quien no posee autoridad ni competencia alguna sobre el territorio que reclama.

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Sin embargo, bajo la poética o sentimental reclamación histórica de esas aguas, lo que China esconde es la intención de controlar un vasto potencial de depósitos de combustibles fósiles y gas natural, lo que aumentaría exponencialmente las reservas energéticas del país, y asimismo, los beneficios económicos derivados de su explotación y comercio.

Debido a ello, resulta muy complicado que el ejecutivo de Pekín opte por renunciar a un objetivo que le proporcionaría múltiples ganancias, y por cuya ambición parece capaz de desafiar cuantas naciones o instituciones internacionales se opongan a ese empeño. #Crisis