Uno de los conflictos territoriales y políticos más intensos de los últimos años en China y el Sudeste asiático es el que dirime la posesión de un área de 3,5 millones de kilómetros cuadrados del Mar de la China Meridional.

Seis países de su entorno: China, Filipinas, Taiwán, Brunei, Malasia y Vietnam han reclamado derechos históricos sobre esas aguas y algunos países, especialmente China, habían iniciado una intimidante presencia militar en el territorio en disputa que había encendido las luces de alarma entre las demás naciones y las instituciones internacionales, siempre en constante vigilancia ante las evidentes ansias del gigante asiático de aumentar su influencia política y su ya enorme extensión territorial.

Anuncios
Anuncios

La zona objeto de la tensión es especialmente apetecible para todas las partes del conflicto, ya que no sólo contiene una gran cantidad de recursos pesqueros sino, lo que es todavía más importante, numerosos depósitos de gas y combustible fósil. El área por el que más interés muestra China es la que se encuentra entre la isla de Hainan y Luzón, en territorio filipino, donde se encuentran las islas Spratly.

China hará “oídos sordos” a la sentencia del TPA

 Es precisamente Filipinas quien más ha alzado la voz ante la comunidad internacional y quien llevó en el año 2013 ante el Tribunal Permanente de Arbitraje de la Haya sus temores de que la escalada militar china acabara tomando posesión de un territorio que considera suyo y que no estaba dispuesto a ceder amistosamente.

Ayer dicho tribunal emitió su veredicto sobre la cuestión del Mar de la China Meridional, dando a Filipinas la razón en su postura y exigiendo a Pekín que cese en su presencia militar en la zona del sur de Hainan.

Anuncios

Sin embargo, el gigante asiático ya advirtió de que no aceptaría la sentencia del TPA. Su ministro de exteriores, Lu Kang, ha afirmado que este tribunal no tiene competencia ni jurisdicción autorizada para pronunciarse sobre el caso, y que su gobierno no variaría la política tomada sobre esta cuestión.

Por su parte, el ministro de Defensa chino ha asegurado que las fuerzas armadas seguirán patrullando las aguas en conflicto para “salvaguardar firmemente los intereses y derechos de soberanía nacional, de seguridad y marítimos, ante cualquier amenaza e injerencia internacional

Así pues, no parece que la sentencia dada ayer por el TPA ayude a resolver una situación realmente peligrosa y conflictiva que lleva larvándose desde hace más de un lustro y que podría tener peligrosas repercusiones geopolíticas a nivel mundial.

  #Crisis