El viernes 15 por la noche empiezan a llegar las primera noticias, cientos de militares han salido a la calle en Turquía decididos a tomar el control del estado y así derrocar el #Gobierno de Erdogan. Esta situación fue planteada por todos los medios internacionales como un golpe de estado, que más tarde fue declarado fallido por el propio presidente afirmando que esta sublevación no quedaría impune y que defenderá la democracia turca hasta el final.

Lo que está claro es que Turquía no puede vanagloriarse por su democracia, ni ahora, ni antes del golpe de estado. Solo hace falta buscar un poco por internet para ver que Turquía está muy en el límite entre la democracia y la dictadura.

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Se puede resaltar la gran represión hacia la minoría kurda por parte del estado, como también purgas que ya se produjeron antes de este levantamiento.

Tras la continua deriva del régimen de Erdogan hacia el islamismo radical, esta sublevación supone el sueño hecho realidad de cualquier estado autoritario, ya que así avala todos los cambios y represión que quiera hacer. 

La primera reacción de Erdogan fue declarar el estado de emergencia, mediante el cual pueden detener a cualquier personas sin necesidad de cargos contra ella. Tras esto ya tenía vía libre para ir a por los enemigos del estado. Primero fue a por los militares, de los cuales fueron detenidos 6.000 y 34 generales. Después, detuvieron a 2.700 de los 15.000 jueces y fiscales, 2 del Tribunal constitucional y 14 magistrados. Tras ellos, les siguieron los profesionales de la educación, siendo detenidos 15.000 funcionarios y cerradas 1.043 escuelas y 15 universidades.

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Y por último, fue a por los medios de comunicación, que hasta el momento han detenido a 42 periodistas y 19 informadores locales, como también bloquearon el acceso a 20 páginas web de noticias y han retirado las licencias a 25 medios comunicación.

Con razón Erdogan lo llamó desde el primer día purga, ya que ha acabado en una semana con cualquiera que pudiera estar en contra de la voz oficial y con ello destruyendo los pilares para la democracia, si es que aún les quedaba alguno. Han eliminado a los militares que no estaban de acuerdo con el gobierno, han acabado con la independencia judicial cesando a los que no juzgaban como ellos querían, al igual que con los profesores que no enseñaban lo que dictaba el líder y han borrado la poca libertad de expresión que tenían deteniendo a los molestos periodistas que no seguían la línea del gobierno.

Erdogan, para intentar disimular un poco el golpe de estado se ha reunido con la oposición, es decir, con el líder de la socialdemocracia que como sea como la española bien podría estar integrada en el partido de Erdogan, y también recibió al líder del partido ultranacionalista, en pocas palabras el partido fascista turco que estará encantado con la purga que ha realizado.

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Pero ha habido un partido con el que este supuesto demócrata no se ha reunido, el tercer partido mayoritario de Turquía, el partido kurdo.

Lo que está claro es que por mucho que quieran aparentar, Turquía no es una democracia, más allá de las supuestas informaciones de compra de petróleo ilegal al Daesh o la represión autoritaria a la minoría kurda, en una semana han destruido la independencia judicial, la libertad de expresión y la libertad de cátedra. Como también las afirmaciones hechas por Erdogan de restaurar la pena de muerte o la denuncia de Amnistía Internacional de evidencias de violaciones y trato degradante a los detenidos.

Por último, esperemos que la también democrática Unión Europea pida responsabilidades a Turquía, y la creación de una comisión internacional de investigación para conocer la verdad de toda esta purga. Pero, la verdadera esperanza nos la da Wikileaks, que ha anunciado que hará públicos 300.000 documentos que se extienden hasta una semana antes de la purga, y esperamos que en ellos se encuentre la verdad de este régimen autocrático y que caiga a la misma velocidad que las purgas de Erdogan. #Crisis #Poder