#Brasil está a una semana de inaugurar las Olimpiadas de Río 2016 y todas las miradas comienzan a poner el foco en el gigante latinoamericano. La realización de un evento de estas magnitudes no es tarea sencilla y menos cuando es la primera vez, tal es así que viendo los últimos titulares donde se ha cuestionado la capacidad de organización y la seguridad parece que el proyecto se le está atragantando a la administración carioca. En el plano económico no parecen haberse derramado aún grandes ríos de tinta, aunque ya es sabido que Brasil necesita apretarse el cinturón, sobre todo cuando se prevé una recesión del 3'5 % para este año, según ha señalado el CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) en un informe esta semana.

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El presupuesto ya ha sido superado en un 51%

Si hablamos de presupuestos desfasados en olimpiadas (referido a juegos olímpicos de verano) la medalla de oro es para Londres 2012, un buen ejemplo de esta práctica al ostentar el récord con 11.600 millones de euros y superando sus primeras estimaciones en un 76%, aunque los hay que gastaron menos pero sus predicciones fueron nefastas como Montreal 1976 con un incremento del 720%. En el caso de Río 2016 el sobrecoste será de un 51%, dejando el coste final por ahora cifrado en poco más de 10.500 millones de euros, tal y como declara la iniciativa Juegos Limpios del Instituto Ethos que lucha por dar transparencia y control a los recursos destinados para el evento. El gasto total se distribuye en 6.800 millones de euros para infraestructuras, 1.900 para el comité organizador y los 1.800 millones restantes se dedicarán a equipamientos deportivos.

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Sin embargo, es necesario subrayar que buena parte de este dinero (6.000 millones de euros) se ha recaudado con inversión privada procedente especialmente de los patrocinadores, algo que quita bastante presión al ayuntamiento de Rio de Janeiro y al gobierno central.

Las olimpiadas suponen un negocio ruinoso para los países sede

Un reciente estudio de la Universidad de Oxford analizó el coste de los Juegos Olímpicos desde Roma 1960 (además de los respectivos Juegos de Invierno) hasta Río 2016, llegando a la conclusión de que acoger un evento de estas características supone uno de los proyectos más caros y arriesgados financieramente hablando para una ciudad. De hecho ninguna ciudad de las que se tuvieron en cuenta para el estudio cumplieron sus presupuestos iniciales, superándolo en un 100% en casi la mitad de los casos. El promedio del sobrecoste para unas olimpiadas está en un 156%, el más caro para cualquier tipo de proyecto a nivel mundial. Esto hace que muchas ciudades ya no estén interesadas en acoger este tipo de proyectos, especialmente cuando la opinión pública alza la voz

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