Últimamente se ha hablado mucho de las consecuencias económicas que puede tener el Brexit en el Reino Unido (incluso en España), pero poco se ha hablado de las consecuencias políticas y por qué se ha llegado a este punto.

La Cámara de los Comunes, que sería como el Congreso de los Diputados en España, está actualmente gobernado por el Partido Conservador de David Cameron, con la oposición mayoritaria del Partido Laborista. Pero el sistema de partidos del Reino Unido tiene una fragmentación notoria; en el resto de la oposición nos encontramos el Partido Nacional Escocés (SNP); el Partido Liberal-Demócrata; el Partido Unionista Democrático; el Sinn Féin; el Plaid Cymru; el Partido Socialdemócrata y Laborista; y el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), más independientes.

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La mayoría de estos partidos abogan por la permanencia a la UE, pero muchos de sus candidatos han ido por libre haciendo campaña a favor de su salida.

Haciendo un poco de memoria, el hecho de hacerse este referéndum viene de lejos, pues en el Reino Unido se han hecho varios desde su ingreso a la CEE en el 1973. Más recientemente, David Cameron, viendo la escalada de apoyos del UKIP, partido euroescéptico por excelencia, así como la "rebelión" que tuvo de diputados euroescépticos en sus propias filas de partido, se vio presionado a llevar a cabo un nuevo referéndum sobre este tema.

Y aquí viene la clave de todo: el UKIP es un partido que nació en base a un fuerte euroescepticismo con una ideología altamente coservadora (a pesar de definirse como liberales), y derivan en buena parte hacia un discurso populista centrado en la identidad británica y con un marcado aire xenófobo que ha cuajado mucho en los últimos años de crisis.

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Lo que viene a partir de ahora es una correlación de fuerzas. El “sí” al Brexit ha ganado, es cierto, pero no existe un procedimiento estipulado para salir de la UE, sino que se habrá de negociar todo. Aquí quien llevará la batuta será el gobierno de Cameron, pero no olvidemos que el UKIP y compañía estarán presionando a la retaguardia.

En realidad, el problema no es tanto el salir de la UE, sino el cómo; igual que el Bremain, se podría reformular las relaciones con Bruselas, algo que predicaban los laboristas y que el mismo Cameron intentó hacer. Ahora sus esfuerzos quedan en papel mojado.

Además, es importante no dejarnos un actor que muchas veces se obvia: la sociedad civil. Ésta también puede ser un factor de presión al gobierno, y aún más si la victoria ha sido en respuesta positiva a la campaña del "no", la cual puede revestirse fácilmente de un nacionalismo conservador. Si esto es así, el control sobre los flujos migratorios intraeuropeos puede ser una consecuencia clara, aun con tratados de libre comercio Reino Unido-UE, los cuales responderían a bienes y servicios, pero no a la circulación de trabajadores.

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Haciendo referencia a los partidos nacionalistas periféricos, que son el Sinn Féin en Irlanda del Norte, el SNP en Escocia y el Plaid Cymru en Gales, afirmaron que, si ganaba el Brexit, se evidenciaría un desajuste entre el gobierno británico y estas regiones, pues los tres partidos abogaban por el "sí", por lo que de bien seguro que el debate independentista volverá a emerger.

El futuro del Reino Unido es incierto. Las consecuencias no son inmediatas, pues, dejando de lado el revuelo interno en el país, se abre un largo proceso de negociaciones con los órganos europeos. Estad atentos. #Unión Europea