Que la menstruación en la India es Tabú es un hecho, siguen siendo arraigadas las costumbres o creencias de que se debe apartar a las mujeres en sus periodos de menstruación, incluso se les prohíbe la entrada en edificios públicos o el simple hecho de hacer la comida para su propia familia. Pues bien esto también es para las adolescentes o niñas es muy duro puesto  que sufren además la vergüenza en sus colegios. Hay que explicar que allí un paquete de compresas, es un producto de lujo. Pongámonos en situación, un padre de familia que tiene 3 hijas y a su esposa debe comprar un paquete para cada una, aunque con 1 no siempre hay bastante, por lo que cada mes deberá comprar entre 4 y 6 paquetes.

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Si tenemos en cuenta que un paquete le cuesta lo que gana en un día de trabajo (unos 75 centavos), el coste de esos 6 paquetes le supone una 4º parte de su sueldo, que lo hace inaccesible.

Las niñas se ponen tela o paja seca entre las piernas (pues dependiendo del poblado no utilizan braguitas) y como deben caminar hasta la escuela muchos kilómetros, se enllagan por el roce, eso sin contar con las posibles infecciones. Una vez allí se sientan y no se atreven a levantarse ni siquiera para ir al baño, por la posibilidad de haber manchado su ropa, esta situación tan cotidiana, hace que estas niñas dejen de asistir a la escuela esos días, esto hace que al final casi la mitad deje de asistir definitivamente, la familia cree que no vale para estudiar y la pone a trabajar.  

Toda esta información llego a oídos de Diana Sierra, una diseñadora industrial colombiana, asentada en Nueva Jersey, EE.UU.

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que estudió en la Universidad de Columbia, Desarrollo Sostenible y había trabajado diseñando para grandes marcas como Nike, LG o Panasonic.

Diana, decidió que eso debía cambiar, que ella tenía que hacer algo para cambiar la vida de esas niñas, y decidió “Hackear” las ya conocidas compresas reciclables, sabiendo que los productos se fabrican pensando en un consumidor con presupuesto se dispuso a hacerlas con tela de mosquitero y la tela de la sombrilla con la idea de que fuesen muy económicas. En 2011 llegó a Uganda y allí se encontró con que todas no usan braguitas y no les valdrían, y proyectó su idea hacia unas braguitas-compresa, con su socio ecuatoriano Pablo Freund, experto en empresas sociales nació BE GILS.

20.000 braguitas llevan distribuida, casi en su mayoría compradas por ONGs, que las distribuyen junto con información, pues algunas niñas ni siquiera saben que les está pasando.

Frend, añade que hay que ir pensando en la gestión sostenible de los productos sanitarios, pues cada mujer utiliza 11.000 compresas a lo largo de su vida.    #Enfermedades #Infancia