01/06/2016: 110 niñas gaseadas en un colegio en el centro de Afganistán. 20/05/2016: 67 niñas intoxicadas en una escuela al norte del país. 17/05/2016: 220 niñas envenenadas en un colegio al sur de Afganistán. 23/04/2016: 125 niñas gaseadas en una escuela al oeste del país. Septiembre: 348 niñas y profesoras intoxicadas con un gas en cuatro sucesos distintos.

Podríamos seguir encadenando fecha tras fecha hasta el infinito. De esta manera, nos remitimos a mayo de 2012, momento en el que surgió una nueva oleada de intoxicaciones y afloraron todo tipo de sospechas acerca de la fuente del envenenamiento. Las niñas en los colegios empezaron a caer enfermas con mareos, vómitos y fuertes dolores de cabeza.

Las primeras investigaciones apuntaban a que las bombas de agua de los colegios podían estar envenenadas.

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Con el tiempo, la policía afgana asumió la probabilidad de que las intoxicaciones fueran fruto de gases cuyos efectos desaparecen a las pocas horas, de ahí que las afectadas sintieran un picor fuerte en el cuerpo y cayeran inconscientes al suelo. Tras dicha oleada de intoxicaciones, las familias comenzaron a tener miedo y muchas dejaron de mandar a sus niñas a la escuela.

Analistas internacionales y la policía afgana apuntan a los talibanes como autores de los envenenamientos, dado que asiduamente han hecho campaña contra la educación de las mujeres y durante los años de régimen fundamentalista talibán (1996-2001) hacinaron a las mujeres en sus casas y las privaron de todos sus derechos. Desgraciadamente, no tenemos que remontarnos a entonces para tomar como ejemplo la violación de los #Derechos Humanos de la #Mujer en el país: Actualmente, 8 de cada 10 mujeres afganas sufren violencia machista.

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Mujeres activistas afganas sostienen que para ellas, hoy, el burka no es un problema , sino todo lo contrario, lo llevan como medida de seguridad para evitar que las rocíen ácido. “Se sienten más seguras con el burka que sin él”, afirmó una activista de RAWA, Asociación Revolucionaria de Mujeres Afganas, para Radio Televisión de Castilla y León.

“El 60% de las niñas menores de 15 años son obligadas a casarse forzosamente, en contra de la voluntad de la familia. Señores de la guerra y talibanes van a las casa de estas familias pobres, que no tienen elección, y obligan a las hijas a casarse, y si no aceptan, las matan. Otras veces, las compran. Sufren, además, raptos, ataques con ácidos en la calle y en escuelas, y más del 80% sufre la violencia doméstica”, aseguró para Diagonal Mitra Shomal, también activista de RAWA. Miles de mujeres afganas han preferido inmolarse a seguir sufriendo este calvario diario.

Los continuos ataques a mujeres llevan produciéndose décadas en Afganistán sin que parezca que vayan a cesar a corto plazo.

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¿Cómo es posible que los envenenamientos a niñas sigan aumentando día tras día y no se pongan medios para que lleguen a su fin? Para contestar a esta pregunta deberíamos reflexionar acerca de la coyuntura política de Afganistán en los últimos tiempos. Los talibanes ascendieron al poder en 1996. Los actores internacionales, en vez de denunciar la continua violación de derechos humanos llevada a cabo por el gobierno talibán, decidieron mirar para otro lado hasta que el 11 de septiembre de 2001 varios atentados terminaron derribando las Torres Gemelas. Entonces 'ya si' qué había razones para cuestionar al país y entrar a bombardearlo e invadirlo. Si no hay intención de solucionar un conflicto jamás será solventado. #Infancia