En su carrera por la presidencia de los #Estados Unidos, el republicano Donald Trump (Queens, 1946) resulta de una personalidad inquietante no sólo para los norteamericanos, sino también para el resto del mundo. Ya ha mencionado el actual presidente Barack Obama lo inquieto que el millonario inmobiliario tiene al planeta en su posible elección al salón oval, hoy único adversario a la demócrata Hillary Clinton. 

En el reciente Hay Festival, el historiador Tom Holland ha ido algo más allá al establecer los enormes paralelismos entre Donald Trump y el emperador romano Calígula. Aunque sin ser acompañado por un caballo, Trump concede rasgos similares entre sus acciones y éxito con el más notorio de todos los emperadores romanos, ya hace dos mil años.

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Calígula ha pasado a la historia como el más loco y más malo de todos los emperadores romanos, un nombre sinónimo de los peores excesos del poder absoluto. Pero había algo más en la historia de Calígula: No era bastante el psicópata de la imaginación popular. Tenía un gran amor por el espectáculo y el vestirse, también disfrutaba de herir y humillar a la gente.

El joven Calígula pasó seis años en la isla de Capri, donde a menudo dirigió y apareció en espectaculares cuadros pornográficos de su tío abuelo, el emperador tiberio (un hombre del que se dijo, disfrutaba tocando las partes íntimas de jóvenes chicos nadadores). Cuando Tiberio murió Calígula se fue a Roma, donde sus gustos excesivos se tradujeron en el escenario más público de todos: la capital imperial.

Calígula no tuvo ningún interés ni ninguna participación en los valores tradicionales de Roma.

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Más bien los despreció. Y los despreciaba porque los veía como afianzar el prestigio y el estatus de la aristocracia. Él quería gobernar como autócrata en la medida que el Senado no tuviera poder en absoluto. Lo que hizo fue pisotear la dignidad de la élite senatorial en su tierra y lo que descubrió fue que al hacer eso, la masa del pueblo romano lo pasaba muy bien. En ese sentido, Tom Holland dice que hay un paralelismo en lo que Trump ha hecho al estabishment republicano.

Trump ha hecho y dicho cosas que son absolutamente impactantes para las normas de la moral política tradicional, que lejos de hacerlo impopular entre las masas, hay un sentido en él que se ha convertido en el pan de la gente. "Ha hecho todas las cosas que la gente cree que un emperador debe hacer... y lo aman por ello" afirma el historiador. "Se trata de una broma amarga, cruel sobre la realidad de la autocracia", concluyó Holland.

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