El robo de información, pagado por Washington, que se convirtió en los muy publicitados “Papeles de Panamá”, colocó en el centro del debate internacional el mundo financiero offshore y los paraísos fiscales. El total de reportes mediáticos sobre los datos confidenciales, extraídos ilegalmente del bufete Mossack-Fonseca, ha sido impresionante; pero la gran mayoría de los artículos han obviado la respuesta a una pregunta clave: ¿cuál es el mayor paraíso fiscal del mundo?

La respuesta puede sorprender a muchos, pero ya no quedan dudas sobre cómo Estados Unidos se ha convertido, silenciosamente, en el paraíso fiscal más importante y utilizado en el mundo.

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No es casualidad que cada vez más las grandes cuentas bancarias de los más adinerados salgan de los bancos suizos para terminar en instituciones financieras que trabajan en diferentes estados de la Unión, que no aplican impuestos y, especialmente, no tienen que compartir información con nadie, por lo que el titular de la millonaria cuenta tiene la seguridad de que sus operaciones no serán conocidas, ni recibirán carga fiscal, en su país de residencia.

¿Cómo Estados Unidos logró convertirse en el mayor paraíso fiscal del mundo? Mientras la Administración Obama paga altas cifras por el robo de información confidencial y trata de restar credibilidad a países como Panamá, en su propio suelo, amparado en diversas leyes estatales, proliferan las sociedades offshore.

El primer elemento para entender por qué no pocos en la Unión Europea están pidiendo que Estados Unidos sea considerado un paraíso fiscal es que ese país se resiste a cumplir las normativas internacionales sobre la compartimentación de información financiera.

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En la actualidad más de 100 países han firmado acuerdos sobre el intercambio de información de cuentas financieras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); pero Estados Unidos se ha negado reiteradamente a suscribir dichos acuerdos.

Esta postura de Washington la han comprendido muy bien los abogados y trust de diferentes partes del mundo que han instado a sus clientes a que muevan sus cuentas corrientes de Islas Caimán, Bahamas o Islas Vírgenes Británicas a Estados como Dakota del Sur, Wyoming y Nevada, donde existen leyes que amparan la confidencialidad de los depósitos bancarios.

Irónicamente, Washington aprobó, en 2010, la Ley Fatca que obliga a las entidades financieras a notificar las cuentas de los estadounidenses depositadas en el extranjero. En caso de no cumplir, los bancos corren el riesgo de recibir fortísimas multas. En otras palabras, Washington persigue las cuentas de sus ciudadanos en el exterior, para poder colocarles más impuestos, sin embargo, los extranjeros que trabajen con cuentas bancarios en al menos 14 estados de la Unión tienen la garantía de que su información no será revelada a las instituciones fiscales de sus países.

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La contradicción de Estados Unidos en materia fiscal es tan grande que una investigación realizada por el grupo Verdes/ALE en el Parlamento Europeo demostró que existen argumentos de peso para incluir a Estados Unidos en la lista negra de la Unión Europea, por ser un paraíso fiscal.

Por ejemplo, en estos estados de EEUU se permiten empresas y propietarios anónimos (Arkansas, Mississippi, Colorado, Missouri, New York, Indiana, Ohio, Iowa, Oklahoma, Maryland, Pennsylvania, Michigan y Virginia); mientras que en Delaware, Nevada, Dakota del Sur y Wyoming es posible formar “empresas fantasmas”. #Corrupción #Evasión fiscal