Hoy martes, la Casa Blanca ha hecho oficial la visita del presidente de los #Estados Unidos, Barack #Obama, a Hiroshima, la ciudad que fue el sobrecogedor escenario del lanzamiento de la primera bomba atómica y en la que murieron más de 140.000 personas. La visita se enmarca dentro de la próxima gira asiática que va a llevar a cabo Obama en la que tiene previsto visitar Vietnam y Japón a finales de este mes de mayo. Obama será así el primer presidente de los Estados Unidos en visitar el escenario de una de las mayores tragedias conocidas y de las que su país fue responsable.

La visita a Japón se enmarca dentro de las reuniones del G-7 que se llevarán a cabo en ese país y Obama irá acompañado, en su visita a Hiroshima, del primer ministro japonés Shinzo Abe.

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El fin de la visita, según ha declarado el propio Barack Obama a través de un comunicado de la Casa Blanca viene motivado con la intención de subrayar su compromiso continuado con la búsqueda de la paz y la seguridad de un mundo sin armas nucleares.

Las relaciones internacionales en torno a Estados Unidos y Japón, en torno a la visita a esta ciudad, se empezaron a abrir a raíz de la reciente visita de John Kerry, el secretario de Estado de los Estados Unidos, a Hiroshima, algo que contribuyó a acabar con el debate interno que se llevaba a acabo en la Casa Blanca sobre si es necesario o no que el presidente viaje a la ciudad. La visita pondrá a prueba a la diplomacia norteamericana que deberá nadar entre las aguas de la culpa y la responsabilidad, por uno de los mayores crímenes contra la población civil realizados en tiempos de guerra, y la voluntad de reconocer a las víctimas y solidarizarse con el sufrimiento del pueblo japonés.

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La visita de Obama también tiene lugar en un momento en el que el presidente se ha abanderado como defensor de la retirada paulatina y el descenso progresivo del arsenal nuclear presente en el mundo para, a largo plazo, eliminarlas y acabar completamente con ellas. Algo que le ha granjeado numerosas críticas en sectores más radicales y que ven en la posesión de estas armas como una garantía de no agresión.