64 fallecidos, 87 heridos y cuantiosos daños materiales es el balance final del último atentado en Irak causado por la explosión de un coche bomba en el barrio chií de Ciudad Sáder, en Bagdad, masacre causada por el Estado Islámico (EI). Este mismo distrito administrativo de Bagdad fue víctima de otro atentado en febrero que se saldó con la vida de 55 personas y causó 100 heridos.

Entre otros ataques atribuidos al EI en el país se encuentran el perpetrado el pasado lunes, en el que 11 personas murieron y 40 resultaron heridas en Baquba, en la gubernatura de Diyala, debido a la explosión de un coche bomba mientras que 3 personas morían y otras 11 resultaban heridas en dos ataques simultáneos a un restaurante y en una `zona comercial´ en la ciudad de Bagdad.

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Asimismo, a finales de marzo, 30 personas fallecían y otras 95 resultaban heridas tras un atentado suicida en un estadio de fútbol de la ciudad de Alejandría, en Babel.  Este último ataque siguió al anuncio de las fuerzas iraquíes de emprender una ofensiva contra el autoproclamado #Estado Islámico en la región de Nínive, cuyo centro neurálgico, Mosul, es centro de operaciones y principal ciudad tomada por el grupo terrorista en Irak.

Estos ataques se han vuelto incesantes desde que en 2014 las tropas del país, junto a milicias chiíes, comenzaran a combatir al EI que amenazaba con implementar su régimen en territorios iraquíes y sirios. Según la Misión de Asistencia de Naciones Unidas para Irak (UNAMI), tan solo en 2016 más de 1.885 personas han fallecido y unas 4.376 han resultado heridas, en su mayoría debido al conflicto del estado con el EI pero también con las fuerzas rebeldes iraquíes.

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Estas víctimas se unen a los más de 3.3 millones de desplazados internos. El conflicto es también responsable de que más de 10 millones de ciudadanos se encuentran en situación de necesidad, 2.4 millones sufran falta de alimentos y la situación se agrava ya que el país ha de hacer frente a las necesidades de los 260.000 refugiados sirios que están registrados en el país.

El conflicto iraquí, que se remonta al año 2003 cuando fuerzas internacionales lideradas por EE.UU. ayudaran a derrocar al presidente Sadam Hussein y promovieran la institución de un gobierno shiíta, estaba entonces presente en todas las portadas de medios internacionales. Hoy día, sin embargo, las informaciones que llegan se encuentran descontextualizadas y no muestran en su amplitud las dimensiones del conflicto a pesar de que, desde entonces, el gobierno ha luchado por mantener el control del país combatiendo a fuerzas insurgentes, ataques de guerrillas y al avance del EI. Aunque este primer gobierno fue sustituido por uno más inclusivo del que forman parte representantes de las minorías étnicas y religiosas del país, la situación sigue siendo crítica, como demuestran las cifras de heridos y muertos facilitadas por la UNAMI. #Crisis #Siria