A finales del mes de marzo Ash Carter anunciaba que luego de una misión llevada adelante en #Siria por fuerzas de operaciones especiales, el jeque Ahmed Abu Ali al Anbari habría sido abatido,  Estados Unidos ofrecía  una suma de siete millones de euros a la persona que proporcionase información fidedigna acerca del hombre que era el encargado de las finanzas del #Estado Islámico.

 La principal fuente de ingresos de los yihadistas era la venta de petróleo robado a Siria e Irak, que posteriormente vendían en el mercado negro y en el que estaría implicado el propio presidente de Turquía, algo que fue denunciado por Rusia el  pasado mes de enero, los secuestros, el tráfico de drogas, la venta de antigüedades en el mercado negro, la extorsión y el cobro de impuestos en los territorios ocupados por el Estado Islámico componían las vertientes donde se nutrían. 

 La caída en picado en la venta del petróleo robado ha significado un golpe bajo para el sistema de financiación de los terroristas, a lo que ahora se suma la muerte de su número dos, la suma anual destinada a los yihadistas dirigidos por Abu Barkr al-Bahghadadi (Califa autoproclamado del Estado Islámico)  es de unos 360 millones de dólares, a 1000 dólares mensuales para sus combatientes, luchen o no por convicción religiosa.

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La inteligencia americana cree que los continuos bombardeos aéreos en las instalaciones petroleras controladas por los yihadistas han mermado considerablemente la capacidad de extracción de petróleo y provocado una profunda crisis financiera del Estado Islámico, limitando su capacidad de operaciones militares y obviar el pago mensual a sus combatientes, a lo que se debe sumar el robo de fondos por varios de sus dirigentes o reducir el mismo en un 50 por ciento.   Esto ha provocado una sangría de combatientes que desde la muerte del jeque que controlaba esas finanzas se ha transformado en una ola de deserciones cada día más acentuada.

Esto ha provocado que el autoproclamado  Califato se cebe con los territorios ocupados, a los que aplica una subida de impuestos, en una busca desesperada de liquidez, esto ha provocado el rechazo por parte de la población civil y el evidente descontento en los empresarios, a ello se debe sumar la caída del precio del petróleo y que su capacidad de extracción se ha visto reducida a tan sólo un tercio, eso, sumado a la pérdida de un 40% del territorio ocupado en los últimos 6 meses tanto en Siria como en Irak.

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Según los servicios de inteligencia americanos, los yihadistas cuentan cada día con menos recursos económicos, algo que resulta esperanzador pues en la medida que pierdan territorio ocupado su capacidad de combatir e incluso de captación de nuevos combatientes se verá seriamente afectada, esta situación puede verse agravada a medida que pase el tiempo

Aún así, son varios los indicios que permiten creer que de continuar esta situación en el 2020 el Estado Islámico podría finalmente desaparecer ahogado por la falta de recursos, Irak cortó el pago de salarios de los trabajadores gubernamentales de las zonas ocupadas, un corte que supone unos 2 mil millones de euros anuales que ya tampoco reciben los yihadistas, la estrategia es anular a los terroristas cortando sus recursos económicos, sin dinero no hay armas ni combatientes ni alimentos para los mismos. #Terrorismo