Un pavoroso incendio está reduciendo a cenizas una ciudad canadiense, al noroeste del país. Fort McMurray, en la provincia de Alberta (Cabadá), es pasto de las llamas desde hace una semana, en el que será un accidente de proporciones desastrosas para la #Ecología. Rachel Notley, primera ministra de de Alberta, ha declarado que a pesar de los esfuerzos de los centenares de bomberos desplegados en la zona “…este incendio está lejos de estar bajo control…”; además está creciendo de manera totalmente incontrolada.

La primera ministra mostraba una actitud de impotencia ante los hechos que afectan a la ciudad durante el transcurso de una rueda de prensa.

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A esta delicada situación hay que sumar los otros casi cincuenta incendios forestales activos en la provincia de Alberta, que afectarán también a la ecología de la zona. Asimismo, Ralph Goodale, ministro de Seguridad Pública de Canadá, no ha tenido reparos a la hora de calificar el desastre como una “bestia”, asegurando que el terrible incendio es “impredecible y peligroso”. Y es que, desde que se iniciase hace una semana, ya ha duplicado a día de hoy su tamaño, mientras las autoridades reconocen abiertamente sentirse impotentes ante la magnitud del siniestro, según información de la agencia de noticias EFE recogida por el diario digital “publico.es” en su sección de “Internacionales”.

Con el tiempo en contra

Las actuales condiciones meteorológicas de la zona poco o nada están favoreciendo la contención del incendio, de asombrosa magnitud, que los efectivos de bomberos tratan de controlar.

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Y es que ya hace algo más de dos meses que las lluvias no dan señales de vida en la provincia de Alberta donde se registraban, este sábado, temperaturas de veintiocho grados centígrados. Un #Tiempo localmente caluroso.

El viernes pasado comenzaron las labores de evacuación de unas veinticinco mil personas en dirección al sur de la provincia, lejos del alcance de las llamas, donde podrán ser debidamente atendidas. Fort McMurray ofrece, en la actualidad, un aspecto absolutamente desolador. Tan sólo permanecen allí unos aproximadamente doscientos bomberos que intentan a toda costa dar protección a los principales puntos e infraestructuras de la ciudad, habiéndose convertido ésta, prácticamente, en una “ciudad fantasma”. Ya no queda casi nadie de los aproximadamente setenta mil residentes de la ciudad.

Muchos de los evacuados lo fueron por vía aérea –unos doce mil, según la misma fuente– mientras que alrededor de siete mil fueron escoltados por la Real Policía Montada del Canadá en interminables convoyes de automóviles y vehículos particulares.

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A pesar de todo, y tras buscar en la zona domicilio por domicilio, la Policía Montada aún encontró habitantes que no se habían sumado a la evacuación, pensando que no existía un peligro real para sus vidas.

Al parecer, las llamas ya han alcanzado la zona en la que se encuentran las distintas estaciones de extracción de crudo –al norte de Fort McMurray– con la consiguiente reducción de la producción, en una zona considerada como el “corazón del sector petrolífero canadiense”. Los trabajadores ya han sido evacuados, sin tener que lamentar #Accidentes o pérdidas personales.