Atenas ha adoptado medidas de austeridad por valor de 5.400 millones de euros a cambio de ver aliviada su deuda. Resumiendo, lo que hace dos años, cuando Syriza llegó al poder con Alexis Tsipras, era una revolución contra la troika y la #Unión Europea, se ha convertido hoy en un intento de rebelión que se ha visto superado por la realidad del orden establecido.

El parlamento griego ha aprobado una nueva subida de impuestos indirectos (IVA incluido) con los que espera conseguir 1.800 millones. Además, ha elevado el impuesto inmobiliario (prometió abolirlo cuando se hizo con el Gobierno) y ha creado un nuevo superfondo de privatizaciones.

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Por si fuese poco, pretendía congelar durante dos años la promoción y los salarios de los funcionarios en régimen especial, medida que no se ha llevado a la práctica.

Todo ese paquete de recortes se ha traducido desde hoy en 10.000 millones liberados por el Eurogrupo como parte del tercer rescate a Grecia y la reestructuración de la deuda. Poco queda de las promesas que llevaron a Tsipras al poder; aunque no es nada nuevo, semanas después de su primera elección aceptó la supervisión de las tres instituciones que forman la troika (la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), algo que había rechazado hasta entonces efusivamente.

El lema 'fin a la austeridad crónica' ha ido cayendo día a día, medida a medida. Prometió abolir el impuesto sobre la propiedad (lo ha aparcado hasta 2017).

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Prometió subir el salario mínimo hasta los 751 euros brutos mensuales (nada se sabe de ello). Prometió la recuperación inmediata de la paga extra a los pensionistas y tampoco se cumplió. Prometió frenar las privatizaciones y firmó un memorando que preveía nuevas privatizaciones por valor de 50.000 millones.

Del ideal a la realidad

El 29 de junio de 2015 supuso un punto de inflexión. Para frenar la fuga de capitales, el Gobierno cerró los bancos y una semana después convocó un referéndum para preguntar al pueblo si aprobaba el tercer rescate. Tsipras se posicionó en el 'no' y esa fue igualmente la respuesta del pueblo por un 61,31%. Sin embargo, pasados nueve días el dirigente firmó el tercer rescate por valor de 86.000 millones de euros.

Fue una decisión antipopular, en la que la posibilidad de salir del euro estuvo sobre la mesa, pero no por ello se puede tachar de equivocada. Según varios economistas, a Grecia no le quedaba otra salida. Ese 14 de julio en el que Tsipras acordó el tercer rescate fue el mismo día en el que firmó con la realidad.

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"Hemos firmado para evitar el suicidio colectivo del país", explicó Tsipras.

Hastío social

Convencidos de que era mejor recibir recortes de izquierda que de derecha, los griegos mantuvieron su apoyo a Tsipras en agosto de 2015; sin embargo, ello no ha evitado que el descontento haya acabado en las calles. Así, hace sólo dos días se vivió una manifestación de miles de personas en la plaza Syntagma contra las promesas incumplidas, la cual llega precedida por hasta cuatro huelgas generales.

A estas alturas de la película, poco queda de la ilusión de aquella votación de enero de 2015. La energía con la que los griegos aguantaron estoicamente las negociaciones, los ultimátums y el corralito ha sido eliminada por las claudicaciones de su primer ministro. La sensación de derrota se ha extendido y Tsipras, otrora la solución, vive cada día más cerca de la socialdemocracia al tiempo que ha entendido que "un saco vacío se mantiene difícilmente en pie", Benjamin Franklin. #Crisis en Grecia