El Metro de Roma impacta por fuera y por dentro. 

Por fuera, su aspecto es, ante todo, llamativo. La mayoría de vagones están pintados con graffitis. Los diseños ocupan las paredes interiores y exteriores, dando en algunos casos una imagen sucia del suburbano de la ciudad. Como es habitual en muchas ciudades europeas, desde hace meses hay militares que patrullan por él y que están con sus vehículos aparcados en las entradas. 

Una simple mirada al mapa también sorprende: la capital de Italia solo tiene dos líneas de metro, la A y la B, que se cruzan en una única estación, la estación central de Termini. La línea C, la tercera del Metro, comenzó a construirse hace ya 10 años.

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La idea inicial es que atraviese el centro de la ciudad pero, por ahora, no funciona. En nada menos que un decenio, los trabajos todavía están, más o menos, a la mitad. 

En los 10 años de obras, ha ocurrido de todo: las obras se han paralizado varias veces. En algunos casos, por falta de presupuesto y, en otros, por algo casi tan característico como la falta de dinero de la Ciudad Eterna: la presencia de restos arqueológicos de valor incalculable. 

La última sorpresa llegó esta semana, con la aparición de una enorme fortaleza militar del siglo II. Es nada menos que una zona de alrededor de 1.700 metros cuadrados y excavada a 9 metros de profundidad. En estas instalaciones militares de la Roma antigua había más de 30 estancias con mosaicos que se han encontrado. 

Los soldados recorrían pasillos de más de 100 metros de largo y la edificación tenía, al menos, dos pisos.

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Incluye todo tipo de habitaciones, incluida la cocina, los servicios y otras zonas, como el depósito de armas o los lugares dedicados al culto.  

Los arqueólogos e historiadores ya tenían indicios de que la zona se habría dedicado a usos bélicos, pero este descubrimiento parece ser la confirmación. 

Por ahora, no se sabe cómo continuarán las obras del Metro de Roma. Lo que está claro es que los especialistas llevan ya tiempo trabajando para obtener la máxima información posible relacionada con esta edificación, que podría aportar nuevos datos sobre el modo de vivir de hace casi 20 siglos. Queda en el aire la duda de cómo es posible que no se haya visto en ningún momento este yacimiento.  

Además de este hecho insólito, la primavera y el verano podrían traer más sorpresas al Metro romano. El año pasado, los trabajadores del suburbano, sobre todo los conductores, protagonizaron lo que se conoció como una "huelga encubierta". Protestaron por sus condiciones económicas pero, en lugar de convocar una huelga de modo legal, que implica la reducción del sueldo, lo hicieron de otro modo: acudían al puesto de trabajo pero, de modo encubierto, hacían funcionar mal el servicio.

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Ponían la calefacción en pleno verano y con el Metro lleno de gente o, también, ponían el aire acondicionado cuando era de noche y apenas iban unas pocas personas en el vagón.

Es uno más aunque, seguro, no será el último, de los "sobresaltos" que se viven en el Metro. De cualquier modo, el de Roma se ha convertido ya en el Metro más caro del mundo y sus obras, interminables, son la obra pública más importante después de las realizadas en la posguerra. 

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