Además de la escasez de elementos como preservativos, cerveza o papel higiénico, hay una ausencia mucho más acuciante para el pueblo venezolano: la falta de alimentos. Este es sin duda el factor más determinante para que el pueblo se haya echado a la calle en contra del gobierno socialista de Maduro. 

Los venezolanos quieren la salida del presidente sencillamente porque no tienen comida. El ambiente que se respira en buena parte de las ciudades del país es de extrema necesidad. Todos los días, una gran cantidad de venezolanos se despiertan con una pregunta en sus mentes: ¿tendrán hoy algo para comer?

Los partidarios del gobierno han señalado con orgullo la mejora en los productos alimenticios del país desde los últimos años del mandato de Hugo Chávez, quien utilizó los ingresos por el petróleo para traer alimentos a los más pobres durante los catorce años de su mandato, llegándose a ganar incluso los aplausos de la ONU. 

Sin embargo, su sucesor Maduro se ha enfrentado a un colapso en el precio del petróleo, materia prima que proporciona casi la totalidad de los ingresos externos de #Venezuela.

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También ha culpado a una guerra económica de los países capitalistas y liderada por la oposición como causante de la #Crisis actual. Con una severa recesión y una economía controlada por el estado disfuncional, las familias más pobres aseguran ya que no cumplen desde hace tiempo con el régimen de comidas, llevando a cabo una dieta muy, muy básica. 

Muchas de estas familias lo tienen claro: si toman el desayuno, ya no pueden tomar el almuerzo. Si logran almorzar, no van a poder luego cenar, y si cenan al día siguiente no tendrán para el desayuno. En muchas ocasiones, la alta demanda y los suministros limitados han dejado los estantes de muchos supermercados en Venezuela llenos de productos que casi nadie compra, como los refrescos, mientras que los artículos de primera necesidad, como el pan o la leche, apenas se encuentran. 

De acuerdo a un estudio reciente, el 87% de los venezolanos asegura que sus ingresos son ahora insuficientes para lograr adquirir todas las necesidades alimentarias de sus familias.

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Los compradores pasan habitualmente varias horas en largas colas para poder comprar alimentos básicos que van desde la harina al maíz, pasando por el jabón de lavar. Y, todo ello, bajo un clima de apagones eléctricos por culpa de la crisis energética, saqueos en tiendas y otras medidas drásticas.