Si algo han conseguido lograr los terroristas de #Estado Islámico durante los últimos meses es que se disparen las alertas de una amenaza nuclear real por toda Europa, y también en #Estados Unidos, donde los evidentes problemas y fallas de seguridad que presentan las centrales nucleares de Bélgica están logrando quitar el sueño a Barack Obama. ¿El motivo? Estados Unidos tiene instaladas en la zona una serie de armas nucleares tácticas, en la base de Kleine Brogel, a apenas una hora en coche de la periferia de Bruselas. El lugar en el que algunos pacifistas y activistas contrarios a la utilización de los recursos nucleares accedió sin ningún problema, en 2010, paseándose por las instalaciones durante cuarenta y cinco minutos.

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El mismo emplazamiento al que, tan sólo unos meses más tarde, volvieron a acceder, grabaron un vídeo y acabaron subiéndolo a un canal de “Youtube” , habiendo estado muy cerca, según las autoridades militares, de “material sensible”. Aquellos inocentes paseos por parte de pacíficos activistas aún logran dejar pálidos a los observadores de Washington.

La comunidad internacional se ha dado cuenta: existen “errores” de seguridad en las centrales nucleares belgas que favorecen al #Terrorismo. Errores de una gravedad desconcertante, y seguramente trascendente. Las dos centrales nucleares (Tihange y Doel) están situadas a poco más de una hora en automóvil de cualquier ciudadano, debido a que Bélgica es un país de poco tamaño; además, ambas centrales colindan, en su caso, con otros países como Holanda, Alemania y Luxemburgo, y esto tampoco ayuda demasiado a tranquilizar los ánimos en una peligrosa situación internacional que, por momentos, parece escapársele de las manos.

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Máxime cuando se está guardando un angustioso silencio desde ámbitos gubernamentales que, unido a los constantes movimientos policiales, no hacen más que incrementar la sensación de desazón e inseguridad a nivel europeo. Y es que las respuestas no se prodigan en absoluto.

Nadie se ha pronunciado aún acerca del porqué de las diez horas largas de vídeo grabado por los terroristas espiando a uno de los responsables de las centrales. Nadie se pronuncia acerca del paradero del pase de seguridad sustraído al guardia de seguridad asesinado el día veinticuatro. Continúa sin resolverse satisfactoriamente el sabotaje de 2014 que, según André Vandoren, entonces director del OCAM (Organismo para la Coordinación de Amenazas) tales acciones “se orientan hacia una pista terrorista”. O el intento de “hackear” el sistema nuclear, o el robo de material “sensible” producido por unos individuos –aún no identificados– que lograron entrar en un centro destinado a las investigaciones nucleares.

Si se están tomando medidas de seguridad, es evidente que aún distan mucho de ser efectivas, y la preocupación anda en aumento por parte de propios y extraños.

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Desde los medios se está hablando, y mucho, a este respecto; el prestigioso “New York Times”, sin ir más lejos, denunciaba hace escasas jornadas que dos trabajadores de Doel habían jurado lealtad al ISIS. Sin embargo, parece ser que nadie se atreve aún, desde los estamentos oficiales, a dar el paso de confirmar, de manera oficial, que las centrales nucleares corren un enorme peligro de ser presas de un atentado terrorista. Pero tampoco lo desmienten.

Y continúan los incómodos silencios