Qué Recep Tayyip Erdogan, Presidente de Turquía, sea visto fuera de su país como un dictador, aunque disfrace su actitud en una democracia, eso lo sabe todo el mundo. Qué es un fundamentalista y al mismo tiempo aliado de Occidente, también. Pero lo que no se sabía es que llegara a dictar cómo se le tiene que tratar o parodiar en el extranjero.

El mes pasado saltó la polémica en Alemania al emitirse por la cadena pública ARD una broma del humorista alemán Jan Böhmermann sobre Erdogan, dedicándole una canción con las palabras “Erdowie, Erdogawo, Erdogan”. Se enteró el Gobierno turco e inmediatamente convocó al Embajador alemán en Ankara, exigiéndole que se retirara de la web de la cadena el vídeo de la canción.

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Pero Böhmermann siguió con sus sátiras contra Erdogan, y días después, en otra cadena alemana, ZDF, le dedicó un, según él, “poema injurioso”, con lindezas como que Erdogan consume pornografía infantil, pega a mujeres y que incluso tiene relaciones sexuales con ovejas.

Ello agotó la paciencia de Erdogan y el Gobierno que preside el Primer Ministro Ahmet Davutoglu. La Canciller alemana Angela Merkel pidió disculpas ante ellos y el vídeo del poema fue retirado de la web de ZDF. No ha contentado a Erdogan, que ha instado a la Justicia de su país a querellarse contra Böhmermann por “un crimen contra la Humanidad”, lo que según él son sus parodias contra él.

El humorista, desde entonces, vive con protección policial y se cancelará el siguiente programa que tenía pensado hacer en la TV alemana.

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La Justicia turca pide tres años de prisión para él, y la presión de la misma ante Alemania ha hecho que un Juzgado del land de Maguncia decida pronto si las parodias de Böhmermann, tal como se representaron, son constitutivas de delito.

Pero el problema es mucho mayor para Angela Merkel: ella, como sabemos, trata de que el flujo de refugiados sirios que huyen a Europa se detenga, y Turquía es el principal aliado para ello. Y la sátira sin concesiones de Böhmermann le ha destrozado su propósito.

La gente alemana dice y piensa bien claro que la #Libertad de expresión no es negociable de ninguna manera, que no se le debe dictar desde el extranjero cómo hay que retratar o parodiar a alguien. La oposición a Merkel quiere aprovechar esta indecisión de la Cancillera en un asunto tan delicado, en donde parece querer evitar ofender a Erdogan para que le ayude a parar el flujo de refugiados, antes que evitar que ese país, con un Presidente retrógrado, dicte a los alemanes cómo tienen que reírse.

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El 94 % de los alemanes piensa que Merkel, en esto, actúa de manera equivocada, y la cadena ARD acusa a los políticos alemanes de “hablar mucho y no hacer nada” en este caso.

La última vez que hubo un caso serio de conflicto diplomático entre dos países por unas parodias humorísticas fue entre Francia y España el año 2012 por los guiñoles de Les Guignols de l’Info, que parodiaban a los entonces invencibles deportistas españoles como si se tomaran estimulantes para ello, lo que provocó la ira, desproporcionada, de los españoles contra el programa. Unas parodias inofensivas, si las comparamos con lo de Böhmermann sobre Erdogan. #Unión Europea #Siria