La revelación de casi 11,5 millones de documentos secretos del bufete panameño Mossack-Fonseca, especializado en la creación de cuentas y empresas offshore, ha destapado la Caja de Pandora alrededor de este instrumento conscientemente diseñado por el gran capital para, en muchas ocasiones, legitimar el fraude, la #Evasión fiscal y hasta el blanqueo de dinero en los paraísos fiscales, aunque de facto las cuentas y empresas offshore están legitimadas por el propio sistema judicial capitalista y que el delito no consiste en poseerlas, sino en el uso ilícito de estas.

En medio de tan explosiva campaña satanizadora, la mayoría de los medios en torno a esta suerte de “offshore gate” olvidan mencionar que más del 90% de los grandes capitales vinculados a cuentas y empresas offshore provienen de Estados Unidos, Europa y Japón.

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Ante todo una aclaración: desde hace años Wikileaks realiza labores que responden a una transparente investigación y no al mero hackeo a computadoras, como infiere equívocamente el diario alemán Süddeutshe Zeitung. Pero, ¿saben ustedes quienes promueven este “offshore gate”? El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) radicado en Washington, financiado por los tanques pensantes (Think Tanks) de #Estados Unidos y autores a ultranza de sus campañas ideológicas y de desestabilización política.

Y algo muy revelador: el jueves 7 de abril, Estados Unidos reconoció que la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), adjunta al Departamento de Estado, financió a una de las organizaciones que colaboraron en la investigación sobre los llamados Papeles de Panamá. De este modo se aclaró que el Proyecto de Reportajes sobre Crimen Organizado y #Corrupción (OCCRP), cooperó con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en dichas pesquisas… y como chivo expiatorio apareció el bufete panameño Mossack-Fonseca

Pero aún genera más desconfianza que de ese tsunami de Papeles de Panamá apenas se ha publicado menos de 1%, y muy selectos medios periodísticos acuden a mil y un pretextos para justificar la no divulgación de los demás en los que debieran aparecer millares de cuentas y empresas offshore de grandes consorcios de Estados Unidos y Europa, y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

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En cambio, ¿hacia dónde apunta cada vez más el “offshore gate”? Ante todo al presidente Vladimir Putin y algunas entidades rusas a las que lo vinculan sin mostrar evidencias comprometedoras. Sin embargo, sí están muy involucrados el USB, centenaria sociedad suiza global de servicios financieros con sedes en Basilea y Zurich, o el HSBC, multinacional radicada en Londres que fuera fundada hace un siglo en el entonces Hong Kong británico, y siempre liado en fraudes financieros. Casualmente, ambas operan en Panamá.

Paradójicamente, las computadoras de paraísos fiscales como Delaware, Nevada, Basilea, Zurich, Londres o Wyoming no han sido hakeadas ni mucho menos revelados los papeles donde aparecen empresas o bancos emblemáticos de esos países, cenit de las transacciones más cuantiosas en el espectro financiero.

En definitiva, papeles son papeles aunque sean Papeles de Panamá, y por tanto no tienen efecto judicial legal más allá del moral para aquellos funcionarios incapaces de demostrar ante un tribunal que sus cuentas o empresas offshore tienen un objetivo lícito ni que a través de ellas burlan al fisco o caen en delitos más graves.

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