Se cumplen 30 años de la explosión del reactor 4, en Chernóbil, Ucrania. Las alarmas comenzaron a sonar a la 1:30 de la madrugada, cuando un grupo de trabajadores realizaba una prueba. Una falla provocó que el núcleo de la central se sobrecalentara y explotase.

La International Nuclear Event Scale (INES) es una vara para medir la gravedad de posibles #Accidentes nucleares. La escala contabiliza del 1 al 7, siendo este último el más feroz. El de Chernóbil ha sido catalogado con el grado 7, el más grave de toda la historia. Para que resulte más sencillo dimensionar el desastre, las bombas nucleares detonadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki han sido catalogadas con un grado 4.

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La explosión del reactor 4 expandió 100 veces más radiación que las explosionadas en Japón.

Aunque la localidad de Pripyat fue evacuada, aún hay personas que viven en áreas densamente contaminadas. La central nuclear Vladímir Ilich Lenin estaba a cerca de 3 kilómetros de esta ciudad, en la que vivían la mayoría de los trabajadores de la central nuclear. Pasadas las primeras 36 horas del accidente, el gobierno decidió evacuar un radio de 10 kilómetros alrededor de Vladímir Ilich Lenin. Dentro de la cadena de errores que se cometieron esa noche, este fue uno de los más lamentables. Hubo una malograda intención de minimizar los daños que el accidente podría provocar, sobre todo para evitar una imagen irreparable ante Europa.

El tiempo transcurrido, entre el comienzo de la radiación y la evacuación, fue demasiado y las consecuencias, aún hoy, son devastadoras.

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Cuando se habla de Chernóbil, se suele olvidar la serie de terribles coincidencias que convergieron en el hecho. El reactor 4 debería haber estado fuera de funcionamiento cuando ocurrió la catástrofe, pero se pospuso para que pudieran llevarse a cabo los preparativos de la fiesta del 1 de mayo. Por lo tanto, cuando las pruebas se realizaron, sobre la madrugada, el grupo de operarios que la realizaba, se cree, estaba menos preparado que el del turno anterior.

La contaminación se agravó porque los bomberos que acudieron, en teoría a apagar un incendio, no sabían las causas y atacaron las llamas con agua, situación que provocó nuevas explosiones contaminantes.

Las cifras oficiales revelan que las víctimas mortales de la explosión nuclear fueron 600 mil, la mayor parte de esa cifra está compuesta por los trabajadores de la central, los bomberos y los más de 200 mil liquidadores que concurrieron durante semanas a la central sin ser advertidos de la magnitud del hecho.

En el 2006, 20 años después del accidente, Greenpeace presentó un documento confeccionado por más de 50 científicos.

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En el mismo se desprende la posibilidad que desde 1990 y hasta el 2004 y, solamente en Ucrania, Rusia y Bielorrusia, las consecuencias de la explosión podrían haber ocasionado cerca de 200 mil muertes. La radioactividad emanada habría causado cáncer a más de 270 mil personas en todo el continente. Aún existen, dentro del reactor, 200 toneladas de material radioactivo. Eliminar todo resto de contaminación nuclear del perímetro más afectado podría llevar 100 años. Las muertes que provocó el accidente de la planta nuclear aumentaron considerablemente los primeros años, cerca del 20 % del total de los fallecimientos atribuidos a la explosión han sido suicidios. #Unión Europea