Hace cinco años, nos volvimos a estremecer al enterarnos de que un tsunami había arrasado  el extremo norte de Japón. Gracias a las cámaras de seguridad y los móviles pudimos ver todo el proceso destructivo de la gran ola que arrasó la isla. El epicentro del #Terremoto se ubicó a 130 kilómetros al este de Sendai, Honshu. Posteriormente, se informó de una alerta de tsunami que afectaría a la costa pacífica de Japón y 19 países más.

Más de 3.000 personas desaparecieron y más de 16.000 fallecidos fueron el resultado de un gran tsunami que en origen, fue catalogado con un 7,9 en la escala Richter y posteriormente elevado a 9, se convirtió en uno de los más violentos jamás registrado.

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La Agencia Policial Nacional japonesa días después de la tragedia dijo que más de 45000 construcciones fueron destruidas y 144.300 fueron dañadas por el tsunami.

Por si esto fuese poco, en la central nuclear de Fukushima al carecer de muro de contención de más de 38 metros para tsunamis, permitió que la ola de 15 metros, campase a sus anchas provocando múltiples errores y fallos técnicos, se produjo una falla en los sistemas de refrigeración de uno de los reactores. Horas después de procedió a la evacuación de 45.000 personas en un radio de 10 km. La empresa Tokyo Electric Power Company evaluó y liberó parte del vapor radiactivo para reducir la presión en el interior del reactor. Como resultado, los niveles de radiación en el cuarto de control de la planta alcanzaron un nivel 1.000 veces superior al permitido.

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Cinco años después los trabajos de recuperación de la zona siguen su curso, pero no prevén completarlos hasta 2019, año que se espera que todos los evacuados puedan regresar. Lo laborioso de estos trabajos es que algunas zonas tienen grandes dificultades para encontrar un lugar más elevado que el nivel del mar donde poder construir.

Hoy en día, tal y como informó el gobierno japonés, el accidente de Fukushima ha alcanzado el nivel 7 en la escala de #Accidentes nucleares, igualándose en gravedad al accidente de la planta atómica de Chernóbil.

Los temblores en la zona afectada se siguen repitiendo con mucha frecuencia, tal es así que en el pasado 2015 se registraron 615 terremotos perceptibles, algo muy significativo ya que si se tiene en cuenta, entre 2001 y 2010 la media se situaba en 306 terremotos. En cualquier caso, los temblores son mucho menor si lo comparamos con los 8.112 seísmos que se llegaron a registrar en el primer año después del fatídico accidente. El pasado mes de enero, se registró un terremoto de magnitud 6,7 en la isla de Hokkaido que no causó daños personales ni materiales y se descartó posteriormente la alerta de tsunami.

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La isla de Japón se sitúa en lo que se denomina “El Cinturón de Fuego del Pacífico”, se extiende en 40.000 km por más de 23 países de varios continentes como por ejemplo: Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia, Costa Rica, EE.UU, Filipinas, Guatemala, Taiwán e Indonesia. Concentra más del 75% de los volcanes del mundo, llegando a sumar más de 452 entre los activos e inactivos.

Con la gran actividad sísmica de la zona, no es de extrañar que cada cierto tiempo se produzca un terremoto o incluso tsunami, por eso, se está avanzando mucho en la detección y prevención de accidentes sísmicos, ya que se han ubicado sensores en el fondo del mar, de tal modo que si un tsunami cruza el océano, los sensores puedan registrar los cambios que se producen en la superficie y enviar la información al satélite para que lo distribuya a los centros de alerta. #Ecología