Esta mañana, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se ha acercado una clienta a la tienda-laboratorio en la que trabajamos para felicitarnos. Mi compañera, muy amablemente, le ha agradecido la felicitación pero le ha hecho saber su desacuerdo con la celebración y los cumplidos en este día. Ante mi asombro, se ha explicado: “Parece que empezamos a trabajar ayer y la #Mujer trabaja, prácticamente, desde que nace”, aseguró.

Discrepo en varias cuestiones con la afirmación de mi compañera, pero en parte comprendo su contundencia.

Discrepo porque creo que cualquier excusa es buena para reivindicar la lucha de las mujeres y nada mejor que recordar que un día como hoy, 8 de marzo de 1857, en una fábrica textil de Nueva York, murieron quemadas todas las trabajadoras mientras hacían huelga. Algunas historiadoras afirman que no existe archivo documental que acredite que dicho incendio se produjera ese día y sostienen que lo que ocurrió en marzo de 1857 fue que el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side de Nueva York convocó una marcha para reivindicar una jornada de laboral de 'tan sólo' 10 horas.

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Existen varias teorías acerca de la implantación del Día de la Mujer. En cualquier caso, la instauración del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora está relacionada con el empoderamiento de las mujeres, su lucha por el acceso al sufragio femenino y la defensa de los derechos laborales de las trabajadoras, entre otras.

En ese mismo sentido, y aunque la RAE no recoge la distinción, creo que es importante diferenciar entre los términos empleo y #Trabajo:

  • Empleo lleva intrínseca la palabra retribución. Se trata de un trabajo retribuido.

  • El trabajo es mucho más que el trabajo asalariado, puede ser retribuido o no. Los cuidados familiares y el trabajo doméstico han sido tradicionalmente desempeñados por mujeres sin ningún tipo de retribución.

De esta diferenciación se entiende el famoso 'grito' feminista: “Queremos empleo, trabajo nos sobra”. Y las estadísticas lo evidencian: las mujeres siguen cobrando un 30% menos que los hombres por el mismo trabajo realizado.

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Por otro lado, también comprendo la contundencia de las palabras de mi compañera porque 'todos los días son 8 de marzo'. Las discriminaciones patriarcales se hacen eco todos los días del año en todos los rincones del mundo. Sin ir más lejos, podemos tomar de ejemplo los datos de CEAR, Comisión Española de Ayuda al Refugiado: Actualmente el 60% de las personas que llegan a Europa en busca de protección son mujeres y niños. Asimismo, la OIT sacó el pasado lunes un informe en el que recogía las grandes disparidades de género que siguen persistiendo en varios sectores del mercado de trabajo a nivel mundial: “Las mujeres siguen trabajando un número mayor de horas al día que los hombres, tanto en el trabajo remunerado como en el no remunerado. En los países con altos y bajos ingresos las mujeres realizan, en promedio, al menos dos veces y media más trabajo doméstico y de cuidado familiar que los hombres.”

Desde que en 1789 se constituyera por primera vez el Movimiento Feminista como altavoz de las reivindicaciones de las mujeres francesas, se ha avanzado mucho pero el camino es largo.

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Las discriminaciones y los crímenes machistas siguen produciéndose a diario. Han pasado escasos dos meses desde que comenzó el año 2016 y sólo en España contamos 18 feminicidios. No llegaremos a una igualdad real entre hombres y mujeres hasta que el feminismo, a nivel mundial, no sea aplicado como una política transversal a todas las demás. Porque todos los días son 8 de marzo. #Derechos Humanos