Los sirios hubieran preferido no señalar con rojo en el calendario la cifra del 15 de marzo de 2010. Desde finales de enero de ese año, algunos habían salido a las calles para protestar contra la dictadura de Bashar Al Asad, al calor de las manifestaciones que estaban teniendo lugar en otros países de Oriente Medio como Túnez, Egipto o Baréin.

Sin embargo, no fue hasta el día 15 cuando se pudo empezar a apreciar el calibre del descontento popular. Miles de personas se concentraron en las ciudades de Daraa, Der er Zor y Hama protagonizando enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. 

Menos de una semana después, Al Asad encarceló en Daraa a quince menores de 17 años por una pintada en la que se pedía la caída del régimen.

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Aunque días más tarde, el líder intentó dar marcha atrás y los puso en libertad, los niños habían sido torturados y las manifestaciones se habían extendido a lo largo de todo el país. Clamaban el fin de la dinastía de los Asad.

"Cuando en marzo 2011 el régimen de #Asad empezó a masacrar a manifestantes desarmados, al-Qaeda no estaba en #Siria ni existía Daesh/ISIS", asegura Haizam Amirah Fernández, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano, en su cuenta de Twitter. No obstante, la represión contra los opositores se fue recrudeciendo cada vez más hasta que rápidamente desembocó en una guerra civil.

En este lustro, 400.000 personas han muerto y 4 millones han abandonado sus hogares, muchas de ellas perdiendo su vida en el Mediterráneo. Los problemas sociales y políticos que los sirios esperaban con ilusión cambiar, ahora se han agravado y grupos terroristas como #Estado Islámico o el Frente Al Nusra se han hecho con el control de parte del territorio.

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Bombardeo a Siria

En el conflicto también han tomado parte potencias extranjeras proveyendo armas y apoyo logístico a sus respectivos bandos, enviando mercenarios o bombardeando. El pueblo sirio ha visto caer bombas de la coalición dirigida por Estados Unidos, del régimen y de Moscú, socio internacional de Damasco. En la víspera del quinto aniversario de la revolución rusa, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha dado a conocer que retirará el grueso de sus tropas de #Siria.

Según el jefe de Estado soviético, su misión ya ha terminado, ya que afirma haber exterminado a más de 2.000 terroristas. Si bien, varios organismos no solo han reportado ataques contra milicianos de Estado Islámico o Al Nusra, sino también contra otros opositores moderados.

La inesperada noticia de el Kremlin coincide también con la nueva ronda de negociaciones llevada a cabo en Ginebra con el fin de encontrar una solución política al conflicto. El enviado especial de la #ONU para Siria, Staffan De Mistura, intenta que los representantes de Al Asad y los de la oposición, ubicados en diferentes estancias, logren un acuerdo para llevar a la práctica la resolución 2254 aprobada el pasado diciembre por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

Con dicha resolución, se aprobó el fin de los enfrentamientos armados (con la excepción de los ataques dirigidos contra grupos terroristas), la formación de un gobierno de transición, la redacción de una nueva Constitución y la convocatoria de elecciones en 18 meses.

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A pesar de la iniciativa rusa y de que el alto el fuego acordado en febrero más o menos se ha cumplido, no parece haber muchas luces de un pacto inminente. El principal escollo es que la oposición está lejos de permitir que Al Asad forme parte del futuro de Siria, lo que a su vez supone una línea roja para sus partidarios.