Ayer domingo 13 de marzo, una multitud que superó el millón de ciudadanos brasileros, salieron desde temprano a las calles de las principales ciudades del país para protestar contra el #Gobierno de la actual presidenta Dilma Rousseff. El mandato ha sido cuestionado en los últimos meses por estar ligado a casos de corrupción y serias dificultades económicas. La detención y solicitud de prisión preventiva del ex presidente Lula da Silva, fue el detonante de esta profunda crisis de gobernabilidad que atraviesa hoy #Brasil.

Según informó la agencia de noticias EFE, el total de convocados en las diferentes regiones del país superó el millón de personas.

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En San Pablo, la mayor ciudad brasilera, el número superó las 450.000 personas. Aunque las movilizaciones comenzaron en el norte y noroeste, se fueron extendiendo a lo largo del país y las concentraciones más numerosas se registraron en las principales ciudades: San Pablo, Río de Janeiro y Brasilia. 

La convocatoria partió desde diversas organizaciones sociales y partidos de la oposición, y el factor común fue la protesta contra la permanencia de Rousseff en el gobierno y contra el ex presidente Lula da Silva, ligado recientemente al caso de corrupción en Petrobras, la petrolera del Estado.

Durante la jornada, en la que no se registraron incidentes, predominaron las banderas verdes y amarillas y muchos muñecos inflables con la cara de Lula, vistiendo un traje de preso. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que lidera la oposición, ya había anunciado que la #Manifestación sería el "mayor acto contra el gobierno de los últimos tiempos" y que podían jugar un papel importantísimo en la destitución de Dilma Rousseff.

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Por su parte, la presidenta solamente se pronunció en una nota oficial para condenar la aparición de unas pintadas reclamando la encarcelación del ex mandatario, Lula da Silva. Según Roussef, esos graffitis "confunden el debate político saludable con la diseminación del odio".

El gobierno de Brasil enfrenta actualmente una severa crisis, producto tanto del escándalo de corrupción en Petrobras, en el que Rousseff también se ve implicada, ya que durante el gobierno de Lula ella fue ministra de Energía y presidenta del Consejo de Administración de la petrolera, como también del deterioro de la economía brasilera a nivel mundial.