Cuando el viernes pasado fue detenido el terrorista más buscado de los últimos meses, después de los atentados de París, parecía que Bélgica podría estar tranquila. Sin embargo, las fuerzas de seguridad vuelven a situarse en el foco de las críticas por sus reacciones ante la detención de Abdeslam. La espera de cuatro meses para su detención, la desorganización de la policía y la falta de trabajo del Gobierno belga han hecho que reciban numerosos ataques por parte de los medios de comunicación y varios organismos de gran importancia.

Salah Abdeslam fue interrogado solamente durante una hora, desde el día que fue arrestado hasta el día de las explosiones en el aeropuerto y metro de Bruselas.

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Las autoridades belgas declararon que parecía muy cansado por los efectos de la operación a la que había sido sometido después de recibir un disparo, el día que fue detenido, en una pierna. Además, según el diario Politico, el interrogatorio al que se enfrentó el terrorista fue muy corto y centrado, solamente, en los atentados del pasado Noviembre en París. No hubo cuestiones relacionadas con un posible ataque en las horas posteriores a su detención, algo que podía ser más que probable dada la cronología de los acontecimientos previos.

El nivel de alerta que mantuvo Bélgica es otro de los hechos en los que están basadas las críticas de muchos hacia su Gobierno. Se mantuvo el de tercer grado y, tras la detención de Salah Abdeslam, para muchos organismos como los servicios de inteligencia de varios países, debería haberse elevado al último, al cuarto, que supone un riesgo de atentado inminente.

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Los tiroteos en la ciudad, la detención de Abdeslam y algunas de las redadas efectuadas semanas antes, habrían sido suficientes que el Gobierno belga huniese elevado dicho nivel. 

La poca eficacia de la seguridad llega a tal punto que, entre las explosiones del aeropuerto de Zaventem y la detonación que se produjo en el metro de Bruselas, pasó una hora y diez minutos. Más de una hora de tiempo en la que la policía no supo reaccionar. El barrio de Molenbeek es otro de los puntos imposibles de controlar para las fuerzas de seguridad, la zona más conflictiva de Bruselas. En ella, se llevan a cabo numerosas actividades ilegales, y residen un gran número de personas entrenadas en Siria para atacar Europa y la seguridad belga es incapaz de reaccionar ante ello. 

Sin duda, la falta de preparación y de coordinación sumada a la poca eficacia y rapidez para actuar en situaciones de emergencia, por parte de la policía belga, es algo muy preocupante.  #Terrorismo #Estado Islámico #Atentado en Bruselas