François Hollande renuncia a continuar con la tramitación de la reforma de la Constitución francesa, con la que pretendía dar una vuelta de tuerca en la presión a los terroristas o autores de atentados, al tener la intención de que en el mismo texto se incluyera la posibilidad de la retirada de la nacionalidad a quienes fueren partícipes de este tipo de crímenes, como así anunció en una comparecencia de apenas cinco minutos, tras reunirse con el presidente de la Asamblea Nacional y del Senado, Claude Bartolone y Gérard Larcher, respectivamente.

Esta reforma, que en un principio suscitó apoyos y simpatías tras el atentado de París del 13 de noviembre, que sesgo la vida a 130 personas e hirió gravemente a otras 413, posteriormente no ha terminado de tener un consenso claro al respecto.

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El proyecto inicial fue aprobado con el apoyo de la extrema derecha, la derecha, el centro y una parte de la izquierda francesa, pero han sido las divisiones internas en el seno del sector socialista y de la izquierda, la que ha hecho quebrar el consenso por divergencias en el modo de tratar y redactar el nuevo texto constitucional. De hecho la ministra de justicia, Christiane Taubira encargada del primer proyecto de redacción, dimitió por desacuerdos tanto con Valls como con Hollande. Fue nombrado entonces Jean-Jacques Urvoas, quien fue el que definitivamente defendió la reforma. No obstante, como consecuencia de la primera dimisión de Taubira, el contenido del proyecto se vio reducido, siendo aprobada con una mayoría mínima en la Asamblea Nacional, con la frontal oposición de gran parte de la izquierda. El siguiente trámite fue la remisión del mismo al Senado, en donde se realizaron enmiendas al texto, siendo sensiblemente diferente al aprobado en primera lectura por la Asamblea, haciendo que el consenso fuera imposible, y tomando por ello Hollande la decisión de terminar con el intento de aprobar su proyecto estrella.

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Tras esta marcha atrás, el presidente Hollande ha quedado muy tocado, ya que este proyecto se había convertido en una cuestión personal, invirtiendo mucho crédito político en él. Ha quedado patente las diferencias irreconciliables entre la derecha y la izquierda, y las divisiones internas entre las familias de la propia izquierda, reafirmando por otra parte, a la extrema derecha ante la opinión pública como los garantes de la seguridad de los franceses. 

#Terrorismo #Estado Islámico #Derechos Humanos