En este diario contamos hace tiempo cómo sobrevivió Chile a su terrible #Terremoto de mayo de 1960 que arrasó un 25 % de su costa (son 4.000 kms. de Norte a Sur, calculen), con miles de muertos, aunque unas zonas se evacuaron a tiempo y otras no. En unos meses se reconstruyó la zona. El país tiene terremotos de grado 8 Richter frecuentes, pero está bien equipado contra ellos, y muere menos gente que en Pakistán, menos preparado.

Japón también tiene sus terremotos de gran magnitud, hasta hace poco el peor era el de Tokio en 1927 y se le acercaba el de Kobe en 1995, pero tenía que batir su propio récord trágico el 11 de marzo de 2011, con un 8’9 Richter que provocó un tsunami que devastó la costa de la prefectura de Sendai, a 200 kms.

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de Tokio. Aparte los daños materiales, todavía no arreglados del todo, y miles de muertos, pese a que se evacuó buena parte de la zona, hubo el colapso en la central nuclear de Fukushima, que se unió a Chernobil y Harrisburg en la lista de centrales con tragedia.

Poco a poco, la zona cercana a Fukushima ha recobrado la vida normal, los japoneses, aunque siguen con el trauma de aquellos días, han rehecho su vida, igual que los chilenos en su momento. Un ejemplo es, si se buscan en Internet algunas páginas con webcams, podremos encontrar la de “Fukushima Train Station”, cuya actividad es la típica de una estación de tren de provincias, donde los pasajeros van normales, sin miedo, ni protecciones contra la radioactividad de la central ni nada.

Eso sí, la central, muy maltrecha desde aquellos días, sigue teniendo pequeñas fugas de agua contaminada, y ahora se sabe que técnicos expertos en energía nuclear de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) han detectado fugas superiores hasta 100 veces más elevadas que los días del accidente, según muestras del agua del Océano Pacífico recogidas y examinadas entre cerca de la costa como a 100 kms.

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y entre un metro y 500 de profundidad, que salen de los tanques que almacenan agua contaminada.

Esta agua se utiliza para refrigerar los reactores nucleares, que necesitan el líquido elemento para bajar sus altísimas temperaturas, unos 300 metros cúbicos diarios. Hay entre 9 y 54 becquerels de estroncio y celsio radiactivos por cada metro cúbico de agua en las muestras analizadas.

Aunque Cruz Roja dice que miles de familias de la zona siguen viviendo desplazadas, sin saber cuándo podrán volver. 170.000 personas viven temporalmente en barracones de la organización humanitaria. Muchas otras han decidido establecerse definitivamente en otras zonas de Japón. Los que quieren volver a sus casas, las autoridades les han facilitado visitarlas temporalmente, sin poder todavía ocuparlas, por su mal estado y por la radioactividad todavía presente en gran manera.

Todos recordamos aquel nefasto día, con las imágenes televisivas del Parlamento japonés con el temblor haciendo moverse las paredes, mientras el Primer Ministro de entonces trataba de guardar la calma, acostumbrados a terremotos.

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Pero ninguno de ellos imaginaba lo que vendría después y lo que se recordará en Japón por muchos años.