Si hablamos de #Terrorismo en lo que va de año, las dos primeras palabras que aparecen en nuestra mente son París y Bruselas. Sin embargo, hay un país alejado de Occidente donde el terrorismo ha azotado nada más y nada menos que tres veces en los últimos 28 días, y la tercera ha sido, sin duda, la más sanguinaria. Aquellos que piensan que el terrorismo solo llega hasta las puertas de Occidente deberían ver el estado en el que quedó el parque infantil Gulshan e Iqbal, perteneciente a la ciudad paquistaní de Lahore, donde el pasado domingo a las 19.00 horas de la tarde se produjo el tercer ataque terrorista en este país en lo que va de mes que, además, alcanzó de lleno a los más vulnerables: los niños.

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Según datos oficiales, de los más de 70 fallecidos que perecieron en el ataque, al menos 29 son menores de edad, algo solo propio del terrorismo más extremo y violento. Además, las autoridades han contabilizado siete mujeres como víctimas mortales de este brutal ataque que también ha dejado más de 340 heridos. El responsable de esta tragedia: el grupo talibán Jamaat ul Ahrar, el cual admitió en su reivindicación que el atentado iba dirigido "contra los cristianos", terminando dicho anuncio con la amenaza de futuros ataques. Este grupo se separó de los talibanes paquistaníes en 2014, aunque volvería a integrarse entre ellos tan solo un año más tarde

Los primeros datos señalan que los atacantes habían fabricado los explosivos con rodamientos de metal, que hicieron las veces de metralla, lo que apunta que el objetivo primordial del ataque era causar el mayor daño posible al mayor número de personas posible. Horas después del atentado, el gobierno de la región de Punjab, donde se encuentra Lahore, la segunda ciudad más importante del país con 10 millones de habitantes, ordenó el desalojo total y el cierre de todos los parques públicos, anunciando tres días de luto en toda la provincia.

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También se han cerrado centros comerciales y grandes almacenes por el temor derivado de los ataques, lo que ha hecho que las calles de las grandes ciudades quedasen absolutamente desiertas.

Este parque en cuestión es uno de los más céntricos y extensos, con diversas zonas infantiles y áreas de actividades para niños. El parque es, además, el lugar más común de reunión de la comunidad cristiana, que precisamente se encontraba en ese momento celebrando el Domingo de Pascua en el recinto. Un residente de la zona que paseaba en ese momento por los alrededores asegura que "las llamas eran tan altas que sobrepasaban los árboles". "He visto cuerpos volar por los aires", concluyó.

Este atentado, que ya es el segundo más importante en la historia reciente del país asiático, hace aún más difícil la coexistencia de musulmanes y cristianos dentro de las mismas fronteras. En los últimos meses, la minoría cristiana ha llevado sus protestas ante el Gobierno de la nación por no protegerlos con mayor firmeza.

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A pesar de representar solo al 1,6% de la población, los cristianos poseen mucha fuerza e influencia en todo el país, constituyendo la segunda minoría más importante solo por detrás de los hindúes.

Tanto India como múltiples países vecinos y también europeos no han tardado en condenar estos actos cobardes de extrema violencia, aunque la principal reivindicación ha venido de parte de la actual Nobel de la Paz, Malala Yousafzai. "Condeno este atentado en los términos más contundentes posibles. Estoy desolada por la muerte de inocentes en Lahore. Mi corazón está con las víctimas y sus familias. Pakistán y el mundo deben unirse", afirmó.

Tras esto, la tradicionalmente pacífica ciudad de Lahore se ha convertido en una zona sin descanso donde las autoridades continúan buscando cuerpos entre los escombros y las ambulancias continúan trasladando a los heridos a los hospitales más cercanos. Sin duda alguna, ese parque infantil ha pasado, en cuestión de segundos, de albergar juegos y diversión a contener los más violentos recuerdos de aquellos inocentes que solo querían jugar.