Estas cumbres, celebradas desde el año 2010 por iniciativa del presidente estadounidense Barak Obama, buscan mejorar los protocolos de seguridad nuclear así como controlar y reducir la producción de armamento nuclear a nivel mundial.  Los ataques de la semana pasada en el aeropuerto de Zaventem y la estación de metro Maelbeck, en Bruselas, así como los errores de seguridad que siguieron a la catástrofe, han provocado la inclusión de temas como la prevención de ataques terroristas en núcleos urbanos en la agenda del encuentro. Otro de los puntos que sin duda marcarán la cumbre es la ausencia de Rusia, país que ya se ha comprometió a controlar su capacidad nuclear y que ha estado presente en los anteriores encuentros, pero que ha decidido ausentarse esta vez como muestra de su rechazo a apoyar el liderazgo estadounidense en el control de armamento nuclear.

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El anuncio realizado los últimos días sobre el espionaje que dos de los terroristas responsables de los atentados en la capital europea llevaron a cabo sobre un científico que trabajaba en una de las centrales nucleares belgas ha reavivado la idea originaria de estas cumbres, que es el aumento de la seguridad del material nuclear para evitar que grupos terroristas se beneficien de su uso. Sin embargo, una de las mayores críticas a estas reuniones es su limitado impacto, ya que las decisiones tomadas dependen de la voluntad de cada país por tomar medidas específicas para la protección y eliminación de armamento nuclear. De hecho, de los 168 países integrantes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica tan solo un 15% se ha comprometido a reducir, eliminar o asegurar el desarrollo de su poder nuclear.

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Entre los que más preocupan se encuentran Rusia o Paquistán, este último por poseer la bomba atómica y tener células terroristas en su territorio; país que, además, ha sido víctima de un brutal ataque terrorista hace pocos días en Lahore, que se saldó con la vida de 72 personas y 340 heridos, entre ellos, numerosas mujeres y niños.  

A pesar de las críticas recibidas y la incertidumbre de la continuidad de estas cumbres tras el mandato de Obama, algunos acuerdos alcanzados han mejorado el estado de este tema prioritario para la seguridad internacional. Entre estos acuerdos se encuentran la eliminación de uranio altamente enriquecido para uso civil en más de una decena de países o el acuerdo alcanzado con Irán para eliminar su capacidad nuclear.

España, por su parte, ha  asistido a dos de las cuatro cumbres  que se han celebrado. En esta ocasión, el presidente en funciones, Rajoy, ha decidido no acudir debido a las limitadas capacidades que tiene en su actual estado de presidente en funciones, haciendo hincapié en la dificultad para comprometerse con medidas que luego no fueran a ser refrendadas por su sucesor político.

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Esta postura sorprende si se atiende al gran consenso existente en España en cuanto a medidas antiterroristas, tal vez uno de los pocos aspectos en los que coinciden hoy día diversas formaciones políticas, pero está en línea  con el hábito adquirido por Rajoy de no hacer declaraciones y de minimizar su presencia en actos que no sean estrictamente necesarios. En su lugar, acudirá el ministro de asunto exteriores, José Manuel García Margallo, quien ha sido enviado para recoger una distinción concedida a España por la `seguridad de sus instalaciones nucleares´. Margallo, sin embargo, no estará presente en las reuniones ni se reunirá con dirigentes de las demás delegaciones. #Estados Unidos #Estado Islámico #Atentado en Bruselas