"Un país seguro". El acuerdo entre la Unión Europea y Turquía con el que se pretende devolver de forma ilegal y antidemocrática a todos los refugiados llegados a orillas griegas define a Turquía como "un país seguro". Pues bien, la seguridad de este país ha vuelto a ponerse en duda esta misma tarde cuando explotaba un artefacto junto a una estación de autobuses perteneciente a la ciudad de Diyarbakir, la principal ciudad del Kurdistán turco. Dicho atentado ha dejado al menos cuatro policías fallecidos y otras 20 personas heridas, aunque la cadena televisiva CNN Turk eleva la cifra de víctimas mortales a seis. Una fuente policial aseguró que la bomba se encontraba colocada en un coche, explotando al paso de un microbús que transportaba a agentes de las fuerzas especiales de la policía.

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Mediante este dato, podemos deducir que el ataque se ha producido con la intención de causar el mayor daño posible entre los miembros de las fuerzas de seguridad turcas, quienes participan desde hace meses en una operación contra la guerrilla kurda del PKK (Partido Kurdo de los Trabajadores), considerado como una organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la propia UE. A pesar de que aún no existe una reivindicación oficial de los hechos, los dos últimos atentados ocurridos este año en Ankara, la capital del país, fueron reclamados por el propio Partido Kurdo de los Trabajadores. Por su parte, el primer ministro de Turquía, Ahmed Davutoglu, tiene previsto visitar Diyarbakir en el día de mañana.

Todo esto llega solo unas pocas horas después de que el diario británico The Times publicase que varias fuentes señalan que las fuerzas fronterizas turcas podrán llevar entre tres y cuatro meses asesinando a un total de 16 personas (entre ellas tres niños) que se disponían a cruzar la frontera entre Siria y Turquía.

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Una de estas fuentes es el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, que afirma que la cifra de refugiados disparados en la frontera podría ser aún mayor.

Precisamente, el anuncio de estas cifras llega once días después del anteriormente citado pacto entre la UE y Turquía, el cual incluye el compromiso del Estado turco de frenar a los solicitantes de asilo y reforzar su control fronterizo. A pesar de todo lo que está viviendo en el interior de sus fronteras el propio país turco, la Unión Europea insiste en considerar a este Estado como "seguro", e incluso empuja a Grecia a calificarlo como tal para comenzar con las expulsiones, ya que el país heleno no lo tiene en su lista de "países seguros".

Sin embargo, la situación se va encrudeciendo con el paso de las semanas en Turquía, lo que hace cada vez más difícil que se cumplan los requisitos necesarios para que los países consideren al Estado turco como un país seguro para los refugiados. Pese a su gran extensión y a la inyección económica que percibirá tras este acuerdo, este país continúa manteniendo ciertas rencillas fronterizas con varios países de la zona, así como un importante conflicto mencionado anteriormente con el Partido Kurdo de los Trabajadores.

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Ante este contexto solo cabe una pregunta que podamos plantearnos: ¿De verdad posee Turquía la suficiente estabilidad como para albergar a los miles de refugiados que llegarán procedentes de Grecia y de toda Europa? Los próximos meses serán fundamentales para arrojar luz a esta polémica e incierta cuestión. #Terrorismo