Mientras, gran parte de los sindicatos brasileros marchan hoy contra el #Gobierno de Dilma Rousseff. El descredito en el que está sumergida su gestión ha provocado, en #Brasil, un clima de tensión y malestar sorprendente.

José Luis Rodríguez González es español y lleva cerca de 5 años viviendo en Cuiaba, capital de Mato Grosso. A esta ciudad, con cerca de 600 mil habitantes, José Luis llegó junto a su esposa brasilera, cuando tenía 31 años.

Consultado sobre los cambios que ha notado en los últimos meses, contesta “cambios aquí solo existen para peor”. La pareja presentó una solicitud para obtener una vivienda a través del proyecto Minha casa Minha, pero la constructora se declaró en quiebra y desde el mes de diciembre que nadie responde sobre su propiedad.

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“El Estado no quiere pagar más y las viviendas están paradas” relata desilusionado por la situación que lleva tiempo padeciendo.

El proyecto Minha casa Minha era un plan federal de construcción de viviendas de carácter social. Durante la primera etapa, en el año 2015, se construyeron 1 millón de casas y estimaban duplicar el número durante este año. “Aquí asfaltan las calles por pedacitos todos los años, pero siempre se estropean y no se puede ni transitar” comenta con cierto enfado José Luis.

Luego aprovecha la charla para hablar de corrupción y del sistema electoral brasilero, que al igual que en muchos países de Latinoamérica, levanta sospechas de fraude y amaños.

Según un informe del Banco Mundial, Brasil ha eliminado la pobreza extrema de su territorio. En 12 años se redujo al 4 % las familias que han dejado de vivir con menos de 2,5 dólares al día.

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El mismo informe colocaba a Brasil como ejemplo, tanto por el crecimiento económico de su población, como por hacerlo en un tiempo mucho más rápido que otros países en condiciones similares.

Sin embargo, entre el documento del Banco Mundial y la realidad, existen diferencias. La población presiente un resquebrajamiento económico y social y, lógicamente, teme al futuro.

“La situación de Brasil hoy es pésima, el pobre es pobre y el rico cada vez más rico. Los ricos se cuidan mucho de separar y que esta diferencia sea bien notable”, se queja José Luis.

Brasil ocupa el octavo puesto dentro de los países con mayor desigualdad en el mundo.

Este español radicado en Brasil sostiene que la imagen de Lula no se ha visto modificada para la mayoría de brasileros. Según él, la sociedad acepta la corrupción política como algo propio del poder y el  pueblo agradece, al menos, se lo ayude a prosperar. “En mi opinión es un país sin gobierno, un país corrupto con un pueblo que lo tolera todo por falta de cultura.”

Para los simpatizantes del ex presidente Lula da Silva, la decisión de la fiscalía de pedir prisión preventiva es una clara intención por manchar la figura del ex mandatario a nivel nacional e internacional.

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“Aquí los medios, como en todos los países, cuentan la verdad más conveniente, la tv Globo se dedica a dar respaldo y amenizar este tipo de actos. La Imagen de Lula en las redes sociales es más real que en la televisión”, afirma José Luis Rodríguez González.