El domingo pasado, el mundo asistió de nuevo al horror. Habían pasado apenas unos días del atentado de Bélgica, en el que murieron 35 personas y resultaron heridas más de 200. Las páginas de los periódicos todavía seguían (y seguirán seguramente por mucho tiempo) llenas de artículos sobre la investigación de los atentados en el aeropuerto central de Zaventem y en el metro de Bruselas, cuando hubo otro. Esta vez, a kilómetros de distancia. Fue en la segunda mayor ciudad de Pakistán, en Lahore. Y en un parque repleto de mujeres y niños que celebraban, paradójicamente, el Domingo de Resurrección. 

La elección de la fecha y del lugar no es casual.

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"El objetivo eran los cristianos", afirmaron las autoridades pakistaníes. En efecto, el terrorista era un talibán que quiso teñir de sangre una fiesta religiosa y hacer daño a los más inocentes, a los niños. 

En total, hubo 72 muertos y más de 300 heridos. Muchos de ellos permanecen todavía en el hospital en condiciones muy graves, por lo que la cifra de fallecidos podría aumentar. Los números duplican a los de Bruselas. Aunque en estos casos no convendría hablar de números, sí tienen importancia. Las redes sociales se han movilizado criticando la falta de cobertura informativa a este atentado en Pakistán. ¿Por qué unos muertos valen más que otros? ¿Por qué la noticia solo ocupa unos segundos del informativo y no aparece ni en portada ni en titulares, sino en sexto o séptimo lugar? ¿Por qué Facebook, que dice ser una empresa global, solo permite activar el botón de seguridad en los atentados de París o de Bruselas pero no en los que se producen en Líbano o Pakistán? ¿Por qué hay hechos, como el de Bruselas, que despiertan las reacciones más duras a escala global -con declaraciones, incluso, del presidente de Estados Unidos, Barack Obama- y otros que pasan desapercibidos? 

Es evidente que hay criterios para dar importancia a las noticias.

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Es normal que importe más aquello que sucede más cerca del lector o espectador. Es decir, a los españoles, interesa más lo que sucede en su país que lo que ocurre en otro y más lo que acade en Europa que en otros continentes. Pero no deja de impresionar la falta de sensibilidad a la hora de explicar (o, lo que es peor, no explicar) los atentados en Pakistán.

También es importante la falta de comprensión hacia un conflicto global. En este caso, los perseguidos eran cristianos, por el simple hecho de ser una religión perseguida en el país. Fueron yihadistas quienes idearon el atentado. Aunque se trate de grupos con diferentes identidades, la realidad es que son todos afines al Isis (autodenominado Estado Islámico). Por eso, los movimientos en las redes sociales reclamaban más unión frente al horror yihadista.

Mientras tanto, Pakistán intenta dar con los cómplices del asesino. Por ahora, ha detenido a más de 5.000 posibles sospechosos para intentar acercarse y obtener más información sobre quién fue el suicida, por qué lo hizo y con la ayuda de quién. 

El Papa condena la "violencia ciega" de los atentados de Bruselas 

El Estado islámico provoca en Bruselas un atentado con 35 muertos y centenares de heridos

  #Crisis #Terrorismo