Cada año, la capital francesa tiene una posibilidad entre 100 de sufrir una inundación de dimensiones catastróficas. Todo comienza con la llegada de un frente frío sobre el norte de Francia, que provocaría un importante descenso de las temperaturas que congelaría las capas superiores del suelo impidiendo las filtraciones del terreno y la circulación del agua por las alcantarillas. A esto se le sumarían las fuertes precipitaciones que harían crecer el cauce del río Sena y sus afluentes a un ritmo medio de 50 centímetros los primeros días y un metro después.

La última inundación que sufrió la ciudad de la luz fue en 1910, cuando las aguas del río Sena crecieron más de 8,6 metros, lo que equivaldría a cuatro veces su nivel habitual. El cauce del río se desbordó y campó a sus anchas por la capital, arrasando todo lo que se cruzaba a su paso.

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Establecimientos, bajos, garajes… todo quedó sumergido bajo el Sena. Esta situación obligó a los parisinos a tener que desplazarse por la ciudad en barca y a tener que utilizar plataformas temporales de madera para cruzar las avenidas.

Todas las calles quedaron colapsadas y el equipo de policías, bomberos y soldados trabajaban en barcas por las calles inundadas para rescatar a los vecinos atrapados. Muchos de ellos tuvieron que salir por las ventanas de los segundos pisos y refugiarse en iglesias, colegios y edificios gubernamentales. A pesar de que no contaban con la tecnología que tenemos hoy en día, se construyeron rápidamente diques en los muros del río para contener las aguas y controlar el desastre.

Desde la semana pasada y durante los próximos 15 días, se están realizando simulacros en la ciudad con más de 150 policías, 900 profesionales de salvamento e incluso vehículos pesados y helicópteros llamado "Sequana 2016".

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El objetivo es intentar mitigar los daños que causarían la crecida del Sena en más de 8 metros, que provocarían que más de un millón y medio de personas quedasen sin electricidad ni agua potable y que las calles de la ciudad quedasen anegadas de agua e intransitables. Por ello se pretende dar respuesta a lo que se ha denominado “La crecida del siglo”, que, según una estimación realizada por el gobierno, 435.000 inmuebles en París se verían afectados por la crecida, de los cuales 120.000 serían completamente inundados. La mayoría de las líneas red del metro y cercanías, quedarían intransitables al igual que algunas carreteras de la ciudad.

El año pasado también se efectuó algo parecido, pero este año es el primero que se contemplan los efectos de la subida y la posterior bajada de aguas. El simulacro que ya cuenta con la participación de 87 organismos (73 más que años anteriores), se ha sumado la colaboración de Bélgica, Italia, República Checa y España.

Esperemos que las condiciones meteorológicas den una tregua a la ciudad de la luz y la pirámide del museo del Louvre no tenga que verse como una isla en medio del río Sena. #Unión Europea #Calentamiento global #Accidentes