Fidel Raso es un fotoperiodista nutrido a caballo entre el País Vasco y Ceuta. Por el visor de su cámara de fotos han entrado durante muchos años, como él reconoce, “terrorismo, #Inmigración y desastres naturales”. Tres temas que le han forjado en su profesión, y ante la cual ha asumido riesgos y decisiones. Han engendrado su modo de ver el mundo.

Raso ha mirado a los ojos de las personas inmigrantes muchas noches desde el puerto ceutí, en el norte de África; ha escuchado los cánticos de los hombres subsaharianos cuando creen estar pisando la tierra prometida; los ha visto temblar de hipotermia abrigados con las mantas térmicas, y los ha visto huir de la Policía y la Guardia Civil, creyendo que en los bajos de los camiones de basura, de las atracciones de feria, de los maleteros de los coches, estaba la llave del sueño europeo.

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Los ha visto llegar y desesperare por no poder irse; y ha hablado con ellos no de cuántos son, sino de cómo se llaman, a qué hijos, madres, hermanos, dejaron atrás. Con quien sueñan. Por esas y muchas otras vivencias, en la frontera de Ceuta con Marruecos, en la playa y las naves del Tarajal, en el monte, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes; por sus conversaciones –chapurreadas en un mal francés–, sentidas, escuchadas, por todo ello, Raso sabe que al tratar la inmigración, los refugiados, las crisis humanitarias, en los medios de comunicación “sobran cifras, declaraciones y alarde de tecnología militar sobre el Mediterráneo”, mientras que al mismo tiempo, “falta alma”. “Falta información de verdad. Será porque escribir con alma, de manera veraz, cuesta dinero a los empresarios de la comunicación”, lamenta Raso, que matiza: “Aportar cifras y declaraciones es barato pero tiene un daño colateral: anestesia al ciudadano como efecto secundario.

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Solamente hechos puntuales, generalmente imprevistos, aportan un valor a la información

Raso destaca que la inmigración y el movimiento de refugiados, tan presente con la guerra de Siria, dejan en evidencia que “nuestra supervivencia en el planeta pivota” sobre estos temas, amén del “cambio climático”. “Son el síntoma de disfunciones graves en la sociedad global; pero, a pesar de ello, nos empeñamos en quedarnos en una superficialidad mediática carente de contenidos serios”, sostiene.

Así critica que en España hay una absoluta “sobreinformación política”, mientras que no se tratan como deberían otros temas más importantes. "Numerosos políticos atraen sobre su órbita a una gran parte de los periodistas nacionales. Se les acompaña hasta en un mercado convertido en escenario electoral para coger declaraciones transformadas, evidentemente, en mitin con los puntos clásicos de siempre. Pero no recuerdo a ningún periodista en esos escenarios hacer preguntas serias y documentadas sobre asuntos concretos en materia internacional.

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Ahí también deberíamos tener una agenda informativa ¿Por qué? Porque nuestros políticos se dividen en dos: los que no saben y tienen que callar, o deberían callar  y los que saben y prefieren callar. No hay nada más protegido que las relaciones internacionales entre países”, sostiene Raso.

“Inmigración y refugiados, al menos para mí, son rostros, silencio y desasosiego”, concluye el periodista, que finaliza: “Son ojos que te miran. Ojos que han registrado la muerte”.