Ya era previsible que la bajada de los precios del petróleo, las sanciones y las guerras  junto con la gestión económica nefasta del gobierno y la #Corrupción, llevarán a Rusia a una crisis tan profunda como en los años 90 si no más. El presupuesto del estado de 2016 ha sido elaborado en base del precio del crudo de $50 por barril. El desplome hasta  $25-30 no ha sido previsto ni se diseñó ningún plan B para esa situación. Y ante la inminente necesidad de tapar el agujero fiscal creciente, el gobierno ruso decide tomar medidas que, tal vez, puedan aliviar la situación a corto plazo pero poco probable llevarán al crecimiento económico. 

Para empezar, se anuncia una gran privatización de las grandes compañías públicas que, a diferencia de las anteriores, no incluye a los ciudadanos de a pie como posibles participantes.

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Se ponen en venta las acciones de las compañías de tal escala como Rosneft, la mayor petrolera del país, Aeroflot y Ferrocarriles Rusos, monopolistas en el transporte,  Alrosa, la mayor productora de diamantes, o Sovcomflot, el principal constructor de barcos.   

Pero hay otros detalles que distinguen esta ola de privatización de las anteriores que, según la opinión pública, llevaron a la formación de la élite oligárquica del país. Y esos detalles son el motivo de poco entusiasmo de los posibles inversores. Primero, los nuevos accionistas  tienen que permanecer en el campo jurídico de la Federación Rusa lo que significa que en cualquier conflicto serán  sometidos a los Tribunales rusos y no podrán apelar a los internacionales. Segundo,  el precio de las acciones está fijado por encima del nivel del mercado.  Tercero, se venden los paquetes minoritarios dejando el control de las empresas en las manos del Estado.  Por lo visto, el análisis de esas condiciones les hace recordar a los oligarcas el caso de la petrolera YUKOS, ilegalmente expropiada en 2007.

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Supuestamente, siguiendo el plan de rescate, el Ministerio de Finanzas ha convocado la subasta de los diamantes en bruto de la Reserva Federal de #Rusia. Pero hay que destacar que las condiciones de participación en la subasta son tan restrictivas que pueden conseguirla sólo las estructuras comerciales muy cercanas al Kremlin.

Además, la recaudación prevista, de unos $15 millones, evidentemente, es tan insignificante que no es capaz de cerrar la brecha en el presupuesto federal y desde punto de vista gubernamental, no tiene ningún sentido vender los diamantes en bruto dado que, una vez tallados, costarán 500 veces más. Con lo cual, sabiendo la cantidad de quilates declarada en venta, unos $7.000 millones se jugarán entre las empresas “amigas”.     

Y mientras tanto, lejos de la parte central de Rusia y desde ya hace años, cada vez más y más terrenos rusos, agrícolas y forestales, pasan a las manos de los chinos en modalidad de renta. Una renta a 49 años y por el precio de risa, de $5 por hectárea al año (!).

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Esas condiciones más la negativa del gobierno a explicarlas, hacen sospechar que detrás de ese negocio está dinero negro y ciertos intereses. Pero hay algo aún más preocupante. En los territorios arrendados deja de regir la Constitución y la legislación rusa, los ciudadanos chinos tienen acceso ilimitado a los destinos, las bases militares rusas se están desmontando en cumplimiento de la exigencia de China de desarmamento de la zona, una gran parte de los ferrocarriles que unen la parte europea de Rusia con Siberia está controlada por los chinos.  Cualquier estudiante de derecho constitucional dirá que todo eso significa la pérdida de soberanía de Rusia en toda esa región. Una región 1,5 veces más grande que Crimea anexada en 2014.  #Crisis