Se abre un rayo de esperanza para el ciudadano de origen español Pablo Ibar, que ve alejarse la terrible sombra de una sentencia que le deparaba la inyección letal como destino.

Lo que desgraciadamente nadie podrá remediar es la "condena a muerte civil" que padece Pablo desde principios de los años noventa, cuando su vida se vio inmersa en un tremendo episodio que ha tenido como consecuencia el hecho de que lleva la mitad de su vida en prisión y dieciséis años al filo de la navaja, pendiente de que se ejecutase la pena capital.

Esta dramática historia comenzaba un mes de junio de 1994, cuando la policía del Estado de Florida descubría los cuerpos sin vida de Casimir Sucharski, propietario de un local nocturno y de Sharon Anderson y Marie Rodgers, dos bailarinas que trabajaban en dicho local de ocio nocturno.

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Las investigaciones policiales dieron como resultado la acusación de Pablo Ibar y de Shet Peñalver, un par de meses después de ocurrir los dramáticos hechos. A partir de entonces la vida de Pablo Ibar a sido una constante lucha por demostrar su inocencia, y desde comienzos del presente siglo, para evitar acabar sus días en el llamado "corredor de la muerte", una denominación detrás de la que se esconde una manera de aplicar la justicia que no debería de ser admisible en ningún lugar del mundo, y menos en una sociedad tan desarrollada y amante de las libertades como lo es la de Estados Unidos.

La sucesión de juicios y revisiones de condena que se han producido desde aquellos lejanos años parecen indicar que en la causa seguida contra Pablo Ibar, las irregularidades en las vistas se han antepuesto a la falta de pruebas sólidas.

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El primer juicio, celebrado en la población de Fort Lauderdale, Florida, el 5 de mayo de 1997, se declaró nulo, lo que dio como consecuencia la celebración de un segundo juicio, en el que Pablo tuvo que pedir una moción de cese de su abogado. En este segundo juicio resultó condenado a muerte Shet Peñalver (el otro acusado del crimen, junto con Pablo Ibar, al quien se revocó la sentencia y fue puesto en libertad en 2013). A Pablo le esperaba un tercer juicio.

Finalmente, en el verano del año 2.000, Pablo fue condenado también a la pena capital y enviado al corredor de la muerte, y desde entonces ha luchado por que su condena sea revisada, finalmente y tras dos décadas con la sombra de la muerte planeando constantemente sobre su vida, ha logrado que se anule la declaración de culpabilidad y una nueva repetición del juicio, en la que sin duda sin duda tendrá mucho peso la puesta en libertad del otro condenado. #Estados Unidos #Derechos Humanos #Tortura